Las esquinas de Mérida a través del tiempo

Hace algunos años, los meridanos acostumbraban nombrar a estos puntos de la ciudad para distinguirlos; autorizadas opiniones aseguran que el objetivo era orientar a las personas que venían de lugares aledaños.

Algo muy grato es reconocer algunos puntos de nuestra ciudad que a lo largo del tiempo han conservado sus nomenclaturas en las esquinas, como es el caso de “Los Cocos” en la 60 por 95, “El Globo” en la 44 por 61 y “El Cardenal” en la 63 por 70, mientras que con el paso del tiempo algunas se han modificado y con la desaparición del comercio que le daba el nombre, corren el riesgo de que generaciones futuras nunca se enteren de la manera en la que los meridanos de antaño reconocían el lugar.

Tal es el caso de la esquina del “Gato Negro”, que era el nombre de una cantina ya desaparecida ubicada en la calle 61 por 56, esquina que antes era conocida como el “Antiguo Toro”, mientras que muchos que a diario pasamos por la esquina de la 60 por 57, ignorábamos que esta esquina se conocía como “El Teatro” y que mucho antes era llamada “La Contaduría”. Dos cuadras adelante, se conocía como la Esquina de “El Teresiano” al cruzamiento de la 60 con 53.

En la calle 57 por 68, donde se ubica la casa que quedó marcada por el asesinato de una joven cuya familia se dedicaba al agio, anteriormente era parte de los terrenos en los que se encontraba el Circo Teatro Yucateco, de modo que dicho cruzamiento se conocía como “El Circo Teatro”, pero también se conoció como “El Vaquero”.

Algunas de las esquinas de nuestra blanca ciudad, que seguramente usted ubicará con rapidez, son “El Venadito”, nombre de una tienda de telas que se ubicaba en la 67 con 58, donde funciona una tienda de conveniencia, y antes funcionó un restaurante de pollo de la cadena del Capitán Sanders, y seguramente que si le hablamos de las esquinas de “El Pato” y la de “El Elefante”, ubicadas en la 65 con los cruzamientos con la 32 y la 46, respectivamente, no tendrá problema para recordarlas mentalmente, pero hay algunas que ya son tema del pasado, como las que a continuación les presentamos:

La calle 60 por 59 era la Esquina de “El Perro”, mientras que la 61 con 62, donde está el Olimpo, los meridanos de antaño la ubicaban como “El Ómnibus”; la 60 con 61 era “La Duquesita” y la 63 por 62, la esquina de “Los Peones”, y la 63 por 60 “El Gallito”, que toma su nombre de un expendio que vendía puros de esta marca que se fabricaban en Cuba.

La vieja costumbre denominar las esquinas data, según los cronistas desde tiempos muy remotos. Autorizadas opiniones afirman que el objetivo de dicha nominación era orientar a las gentes que venían de lugares aledaños de la ciudad para su fácil deambular por nuestras calles. Era usual en aquellos tiempos para llamar la atención del viandante señalar objetivamente nombre de la esquina con la imagen gráfica del mismo colocado en la parte superior del predio en el que ocupaba por lo general algún comercio con giro de abarrotes, farmacia, molino para grano, entre otros.

Hasta nuestros días existen en la forma referida “El Elefante” (que se conoce de esta manera desde 1835), así como “El Monifato”, que son muestra de como esta vieja costumbre de nuestros antepasados, por demás original y curiosa, forma parte del acervo de nuestras tradiciones populares.

Algunas de las esquinas deben su nombre a algún hecho real o ficticio o alguna motivación objetiva, por ejemplo, se dice que la antigua esquina de “El Choch” ubicada en la 58 por 49, hoy “La salida de la luna”, debió su nombre a un árbol de la flora regional así llamado, que por muchos años prodigó sombra a una humilde casa de palmas ubicada en uno de los ángulos de dicho cruce.

De la misma manera, la esquina del “El tronco del árbol” ubicado en la 59 A por 84, fue conocida de esta manera porque allí existió durante muchos años un enorme tronco de árbol derribado, que al correr el tiempo, sirvió como señalamiento público.

Otras esquinas como “El Degollado” en la 60 por 67 o “Los dos camellos”, ubicada en la 66 por 49, tienen su nombre derivado a hechos que ocurrieron de conocimiento público a través de artículos periodísticos y folletos históricos de conocidos escritores vernáculos que han sobrevivido al paso de los años.

Texto: Manuel Pool

Foto: Cortesía

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