¿Listos para ordenar?, campeones

Por Jonathan Ruíz Torre

Hubieron días de escasez, de falta de comida , pero ¿es hoy México un país que dependa de comprarle a otros? Ya no parece ser el caso. Los argentinos salieron y los mexicanos se metieron a este relevante “top ten” reservado para potencias del mundo, un ranking de la OMC que poco importa en lugares como la Ciudad de México hasta que sus habitantes llegan al restaurante y les pregunta el mesero: ¿listos para ordenar? México ya está en la lista de los 10 mayores exportadores agroalimentarios del planeta, que producen tres cuartos de la comida y bebidas que todos consumen.

¿Pero qué ocurrió aquí? Se debe a una fiesta, o al menos sus ingredientes: guacamole, carnitas, carne asada, cerveza y tequila para el mundo… eso va por cuenta de México.

El aguacate es una de las estrellas y no hay mucho que añadir, salvo el impacto que beneficia a Michoacán con unos 230 millones de dólares mensuales que hoy pagan estadounidenses, y recientemente chinos, por el fruto. Hace 10 años las exportaciones mensuales sumaban 70 millones de dólares, menos de un tercio de la cifra actual, de acuerdo con datos del Banco de México.

Algo similar ocurre con el tomate que hoy entrega 200 millones mensuales a los sinaloenses que antes cobraban la mitad por ese producto.

El drama está en las carnitas. ¿Recuerdan el lío por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte? Hubo un argumento poderoso por parte de los mexicanos para evitar el final del tratado: si nos cierran la frontera, a ver quién compra su maíz, vecinos.

El detalle menos visto es el siguiente: el maíz de ellos en México se convierte en carne. Es alimento para vacas y cerdos que terminan empaquetados con sellos como Sukarne, de grupo Viz, la empresa de Jesús Vizcarra, o Kekén, de Grupo Kuo, comandado por Fernando Senderos Mestre. Algunos de esos paquetes terminan en el Walmart o en el Chedraui… el resto en anaqueles del mundo.

Los mexicanos no solo transforman acero en automóviles estadounidenses, sino que juntos crearon también una enorme fábrica de proteína que apenas está emergiendo y eso está creando un gigante.

Claudio Freixes lo explica así: estamos importando maíz de Estados Unidos porque no alcanza la cosecha nacional. Baja por el Río Mississippi hasta la zona en la que que el Golfo de México baña Louisiana, de ahí, los barcos cruzan el mar hasta llegar a Puerto Progreso, en Yucatán, de ahí la carne viaja al mundo.

De la logística de los granos se encarga Jorge Cruz Canto, en Grupo Logra; de la comercialización en México, Proteínas y Oléicos, de Jacobo Xacur y de producir la carne, Kekén, dirigida por Freixes. El resto lo hace el mercado y a veces el destino: la exitosa comercialización de cerdo a Asia tuvo adicionalmente un detonador: la mortal peste porcina que atacó primero a China y ahora a varios países motivó una demanda de importaciones de carne de cerdo justamente del país que es el mayor productor.

Esa tragedia se cruzó con la pugna comercial que China tiene con Estados Unidos y el resultado es una creciente importación de cerdo que en otra instancia pudo terminar en un plato de cochinita pibil. Son casi 60 millones de dólares mensuales los que exportan en carne de puerco los mexicanos, de los cuales un 40 por ciento corresponde a Kekén. Hace 10 años la cifra total apenas rebasaba los 20 millones de dólares.

El resto de la historia la cuenta, por ejemplo, José Cuervo, ahora una empresa pública que aumenta ingresos a ritmo del 8 por ciento. El tequila entrega a México unos 200 millones de dólares al mes contra los 50 millones de hace 10 años.

La cerveza que venden las gigantes AB Inbev, dueña de Grupo Modelo, o Heineken, propietaria de Tecate y XX dan cuenta de exportaciones que pasaron de 180 millones a casi 500 millones de dólares mensuales en 10 años. Eso ha beneficiado a empresas como Envases Universales, de la que luego escribiré.

La gente involucrada con la producción de alimentos en México vive una euforia. Sí, como en las fiestas.

 

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