Locas

Por Carol Santana

Esta semana, el rapero Kayne West estuvo en la mira. Principalmente por su intento desafortunado de lanzar su carrera presidencial y por un una serie de tweets que causaron preocupación entre sus fans.

Kayne, quien padece de bipolaridad, tuiteó que su esposa, Kim Kardashian y su suegra, Kris Jenner quisieron ingresarlo probablemente por los episodios públicos que estaba experimentarlo.

El “meltdown” público de Kayne se convirtió en un tema muy serio y generó empatía entre los medios y los usuarios del Internet, pero al mismo tiempo dejó entre ver los dobles estándares en los que se mide el sufrimiento tanto para hombres como para mujeres.

Y no, no se trata de desacreditar la importancia de la salud mental ni de quitarle el peso o el sufrimiento de Kayne, sino de resaltar que cuando un hombre sufre en público es una tragedia que merece respeto, pero cuando una mujer lo hace se convierte en un circo que ella merecía, en un meme y en algo de lo cual tenemos que burlarnos.

Todos podemos tener problemas con salud mental, pero no a todos nos perciben igual.

Tal fue el caso de Britney Spears que en el 2007 sufrió ante la mirada de todo el mundo, una crisis emocional y psicológica que hasta el día de hoy le ha dejado secuelas. De hecho, una de esas secuelas ha sido el que no tiene un poder legal sobre sus bienes ni sobre su persona.

Durante ya casi 13 años, Britney no ha tenido control sobre sus decisiones o sobre su vida.

El movimiento #FreeBritney que se popularizó entre sus fans y luego entre el resto del mundo, ha visibilizado la explotación que ha sufrido por años una de las razones por las que tuvo aquella crisis y de la manipulación económica y laboral de la cual podría ser víctima.

Aunque estos alegatos al final pueden o no pueden ser verdad, la realidad es que históricamente la locura ha sido usada en contra de las mujeres. Era más fácil catalogar a una mujer de loca para callar sus opiniones o sufrimiento que hacerle caso y creerle.

Todavía en pleno 2020, la locura sigue siendo un arma poderosa para el patriarcado. Por ejemplo, el gaslighting es una técnica que se cuela en nuestro día a día y que implica hacerle creer a alguien que la situación no se dio de la manera en la que ella cree.

Y no necesariamente vemos este tipo de estrategias en relaciones tóxicas, o en estrellas millonarias. ¿Cuántas veces no hemos escuchado que trabajar con x mujer es imposible porque está loca?

Pero de esto hablaremos la próxima semana.

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