Los Cabrera Soberanis son ejemplo de amor

Una receta que tienen sus integrantes es que valoran a sus abuelos y toda la riqueza que les pueden compartir, además de que consideran que es una bendición tenerlos juntos.

La familia Cabrera Soberanis es un ejemplo a seguir en cuanto a la manera en la que sus integrantes valoran a sus abuelitos y toda la riqueza que les pueden compartir, además de que consideran que es una bendición tenerlos juntos y poder cuidarlos, y más en esta época en la que desgraciadamente el COVID-19 vino afectar muchos planes y a poner en riesgo a en especial a las personas mayores.

Hace unos años tuve la oportunidad de conocer a Artemio Cabrera Novelo y a su esposa, Emma Noemí Soberanis Guillermo; eran los días dedicados a los fieles difuntos, y a invitación de su nieto Cuauhtémoc, aquella tarde disfrute de unos sabrosos “pibes” y de una amena charla, en la que con lujo de detalles escuché hermosos pasajes de la vida de este matrimonio, que el pasado 30 de enero cumplió 66 años de estar juntos.

Artemio nació el 18 de octubre de 1934, en la población de Ucú, donde desde pequeño ayudaba a su padre a trasladar por medio de una carrera, tirada por mulitas, la cal viva que vendía en Mérida.

“Era un niño, y mi papá ya aprendía el valor del trabajo, apenas estudió el primer año, pero con mucho esfuerzo y dedicación, logro tener su negocio de venta de materiales y su primer camión, fue de los pioneros en el ramo”, comentó Lizbeth, la madre de Temo, quien abrió el baúl de los recuerdos para compartir fotografías de antaño de sus abuelitos.

“Estas son las más recientes, son del festejo que hicimos por el aniversario de bodas de mis papás, hasta una calesa rentamos ese día, y cosa curiosa, sin que yo lo haya pedido así, el caballito y el carro venían con adornos de color rosado, el favorito de mami”, subrayó Liz, quien platicó también del deporte favorito de su padre el béisbol.

“Él viene de una familia de peloteros, mis hermanos, mis sobrinos y él, jugaron béisbol, fuimos 5 hermanos, Jorge, Linda, Roberto, Eduardo y yo, y todos somos aficionados al rey de los deportes”, explicó la entrevistada quien referente a su mamá recordó que acaba de cumplir 83 años.

Ella nació Mérida el 13 de junio de 1937, era vecina de Artemio, cuando vino a vivir a la ciudad, de hecho, cuando cumplió 15 años, el fue su chambelán y existe una foto de ese día, en la que no parece que se tratara de unos quince años, sino de una boda, la que ocurrió unos años después en 1954.

Con el paso del tiempo han aparecido algunas afecciones propias de la edad que han afianzado la unidad familiar en torno a estos “viejitos”, que con el ejemplo enseñaron a sus hijos además del respeto y el trabajo constante para alcanzar sus metas en la vida, sus principios, valores y sobretodo a tenerle confianza a Dios.

“Ahora, por su edad y su condición de salud, cuidamos mucho su alimentación pero mi mami sigue cocinando, como lo hacía en su juventud para darle a los trabajadores que ayudaban a mi papá a hacer desalojos de escombro, y desde entonces aprendí que el primer plato de comida que se servía era para los mayores de casa, entonces mis abuelitos paternos, Olegario Cabrera García y Rosaura Novelo Magaña, ambos de Ucú y que también llegaron a los 65 años de matrimonio”, destacó Liz.

“Tuvimos la oportunidad de disfrutar muchos años, ya que fueron longevos, hace 25 años, el se nos adelantó a los 99 años y seis años más tarde se fue mi abuelita de muerte natural”, recordó la entrevistada quien orgullosa nos contó que sus papás tienen ya 12 nietos y 5 bisnietos, siendo el más pequeño Sebastián, el primogénito de Cuauhtémoc y Paty, quien por supuesto es el consentido del hogar.

Texto y foto: Manuel Pool

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