Los Osos toman las calles de Nunkiní

Como cada año, este pequeño poblado de Campeche se viste de gala para su carnaval, en el que la gente se disfraza de osos.

Son los mismos pobladores de Nunkiní quienes confeccionan artesanalmente los disfraces, y para ello utilizan materiales de la región como costales, sabucán, piel de venado, reata y cencerros.

La tradición —cuentan los pobladores— se remonta a 1920, cuando un circo de los hermanos Acereto llegó desde Yucatán a Campeche.

Entre las funciones que ofreció incluyó un acto en el que aparecía un hombre disfrazado de terciopelo negro imitando los gruñidos de un oso. El show fue tan impactante que en el carnaval de la época salieron comparsas con gente disfrazada de oso acompañadas de un domador.

La gente, a falta de terciopelo negro, usó los materiales que tenía a la mano y que eran parte de sus labores en el campo, como los sabucanes (elaborados con fibra de henequén).

Desde esas fechas hasta 1942, las comparsas tradicionales utilizaron un oso con un domador.

A partir de ese año, a don Tránsito Uc Naal (ya fallecido) se le ocurrió sacar una osa, diciendo que era la esposa del oso. Este señor, en aquella ocasión fue el jefe de la comparsa del sur; la comparsa del norte, que comandaba don Ermilo Pat, al día siguiente también sacó la esposa del oso.

Al año siguiente, al comenzar el carnaval del pueblo, la comparsa del norte sacó dos niños osos pregonando que los ositos nacieron gemelos; entretanto, la comparsa del sur sacó un solo osito.

Desde entonces, los osos empezaron a tener hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, más los primos y parientes, y así se fue incrementando la población de osos del carnaval de Nunkiní.

Esta es una reseña de los osos de Nunkiní, originados de aquel oso representado por el joven cirquero llamado Carlos Acereto, de grata memoria histórica para los pobladores, porque ese artista se casó con la señorita Micaela Mangas, hija de nunkiniense, y más tarde la jovencita ocupó el firmamento circense al convertirse en una notable alambrista.

Texto: El Universal/Pedro Suárez
Fotos: El Universal / Cortesía

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