Los Ramírez y su historia circense

Con toda una vida dedicada a llevar alegría a los yucatecos, este linaje es recordado con cariño por el público, en especial Chupón, el Rey de los Payasos, quien cumplirá 50 años de carrera artística

Una familia yucateca que por más de sesenta años se dedicó a llevar alegría y sana diversión al público de  todo el sureste mexicano, es el clan Ramírez de Espita.  Su circo, Mágico Modelo, tenía como principal atractivo y sello característico la presentación de Alejandro Ramírez, conocido como “Chupón, el rey de los payasos”, quien en semi retiro por cuestiones de salud, platicó con el equipo de Peninsular Punto Medio y recordó con cariño a sus padres y hermanos que realizaban diversos actos en las funciones que están en el recuerdo de su público, que a pesar del tiempo los tiene muy presentes.

El papá de Chupón, don Luis Ramírez Palacio, era originario de Venezuela, y llegó con su circo a Espita, donde conoció a la joven María Candelaria Tun Prado, la historia de amor llegó a buen fin y contrajeron matrimonio, y aunque por cuestiones de trabajo no se quedaron a radicar definitivamente en la Atenas de Yucatán, cada vez que estaba a punto de nacer un bebé, la señora hacía viaje a su lugar natal para que sus hijos fueran orgullosamente espiteños.

“Fuimos cinco hermanos, y el único que no logró nacer en Espita fui yo, el circo estaba instalado muy lejos, así es que nací en Alto Lucero, pero soy orgullosamente espiteño; hasta traté de cambiar mi acta de nacimiento, pero no se pudo”, recordó el famoso Chupón, quien se hizo famoso por el tema Palomitas de Maíz que antecedía a sus presentaciones.

En el “Mágico Modelo”, que recorrió desde Tamaulipas, Veracruz, Chiapas, Tabasco, la Península, hasta Guatemala y Belice, trabajaban todos los hermanos Ramírez, Carlos, el mayor, fue muy conocido por las representaciones de los cuadros de Cristo, pero también fue un excelente ventrílocuo y mago; Darko, era el trapecista y acróbata, además de cantante y humorista; mientras que Norma, a quien el público recuerda como “Norma la de Guadalajara”, era alambrista, al igual que Martha, quien además hacía fonomímica y bailaba, y su padre (q.e.p.d.), en la cabina de sonido anunciaba los actos y se encargaba de su musicalización.

Más de estos recuerdos puede encontrarlos en la página de Facebook Circo Mágico Modelo, donde las nuevas generaciones conocen la historia de esta familia y en especial a Chupón.

“Todos, a excepción de Darko, que radica en Isla Mujeres, vivimos en Espita, muy cerca del parque”, comentó Chupón, quien desde hace tres años radica ya en Espita, donde cuenta con una pequeña lonchería en su domicilio en la que ofrece hamburguesas, tortas, perros calientes y recientemente cócteles y ceviches.

“Es muy bonito que la gente recuerde a Chupón, muchos que me vieron  trabajar en el circo vienen a visitarme y a comer en el restaurante que no tiene nombre, pero todos en Espita saben que aquí estoy. Hace unos días, una familia que viajaba de Isla Mujeres a Cancún se desvió de su camino para venir a verme, y eso me hace muy feliz”, comentó el buen Alejandro, quien por una lesión en la espalda tiene la necesidad de estar mucho tiempo sentado.

“Fue a raíz de una caída en el circo hace años, y ya con la edad lo estoy resintiendo; ya tengo 63 años”, dijo el entrevistado, que recuerda cómo surgió su personaje.

“Fue mi papá quien me puso el nombre artístico, tenía 13 años cuando comencé a trabajar de payaso, antes hacía un acto de yoga con el que no me sentía cómodo, así es que cuando se fueron dos payasos muy buenos que trabajaban en el circo, y mi papá me pidió sustituirlos, con gusto lo hice, esto fue en Tenosique, Tabasco, en 1972, así es que pronto voy a cumplir 50 años con el personaje”, dijo Alejandro, quien adelantó que en este marco realizará la “Gira del Adiós”.

Lamentablemente, con la irrupción de la pandemia se pospuso esta serie de presentaciones, pero mientras eso sucede viajamos un ratito al pasado y en mis recuerdos de niño, aparece Chupón, a quien recuerdo cuando antes de su presentación con la que cerraba la función, salía al pórtico del circo para invitar a los niños, a los jóvenes y a toda persona que no tuviera para pagar su entrada a disfrutar de sus rutinas.

No faltaba aquella del Piano y otra en la que se incendiaba el pantalón y cuando intentaba sofocar el fuego con el contenido de una cubeta, supuestamente con agua, sorpresivamente explotaba arrancando las risas de los presentes, mientras se despedía con su clásico tema de las palomitas de maíz, que el público cantaba  “Chuponadas de Chupón”, vaya recuerdos.

Texto: Manuel Pool Moguel

Fotos: Cortesía

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