Los Rodríguez: transportistas del tranvía a los camiones

El actual líder de la Alianza de Camioneros de Yucatán, Xavier Rodríguez, recuerda que su abuelo Fernando maneja un tranvía, medio que evoluciona en los camiones que eran de madera.

Fernando Cancio Rodríguez Moguel, quien conducía el tranvía número 10 por las calles de la Mérida de los años veinte, es el tronco de una familia que es hasta la actualidad es parte importante en el desarrollo del transporte público urbano en nuestra ciudad.

En amena entrevista con su nieto, Xavier Arturo Rodríguez Berzunza, el actual presidente de la Alianza de Camioneros de Yucatán, empresa que surgió en 1930 a partir de la quiebra de “Tranvías de Mérida”, recordó que casi toda la familia de su abuelo, sus primos los Lugo Moguel y sus hermanos laboraban en aquel servicio.

Con el apoyo del gobernador Bartolomé García Correa, que era muy amigo de Gonzalo López Manzanero, se lograron traer 15 chasis Willys y 10 Chevrolet que se dieron a la familia Requena y también a los Saldívar, para que se comenzaran a fabricar en madera las primeras “guaguas”, como se les llamaba a los camiones en esa época.

—El camión que manejaba mi abuelo era el número 10 de la ruta Gálvez y llevaba el nombre de Lolita que era el nombre de mi abuelita, quien enfermó de tuberculosis y requirió de ser atendida en la ciudad de México donde falleció. Allá estaba mi papá Rubén estudiando la Normal, cuando el mismo Gonzalo, le pidió que regresara a Mérida para ayudar a mi abuelo, entonces tenía 16 o 17 años —recordó Xavier.

Y quien diría que el destino le tenía deparado a Rubén que a través de los años se convirtiera en dirigente de esta organización, donde dio muestra de su sentido social y compromiso de servicio y apoyo a la ciudadanía al trabajar fuertemente para lograr fundar tres escuelas que son de relevancia para la formación de los niños y jóvenes de diferentes puntos de la ciudad que acuden a ellas.

—Fuimos ocho hermanos, y todos aprendimos a tenerle cariño a esta actividad, en mi caso yo recuerdo que por cuestiones de salud tuve que interrumpir mis estudios, y mientras tanto mi papá me mandó a trabajar como cobrador en la Ruta a Timucuy, un año después ya estaba manejando a “La Lolita”, que mantuvo el número 10 y luego el camión 37 que era “El Corsario —indicó.

A la plática se unieron Carlos José y Neil, dos de los hermanos del entrevistado, quienes de entrada recordaron a su hermano mayor Raúl Fernando Cancio, que falleció de un infarto hace dos años y quien además de ser empresario camionero se distinguió por ser un excelente basquetbolista.

—De niños vivíamos por el rumbo de “La Lira”, en la 50 por 81, eramos cinco varones y tres muchachas, Rocío, Luisa y Elia, recordó Carlos José, quien destacó que con su gemelo Rubén Jesús, que hoy vive el extranjero, hacían una dupla especializada en hacer travesuras hasta a la maestra —dijo.

—Mi mamá, Natalia del Socorro Berzunza Angulo, que cumplió 65 años de matrimonio con mi padre, y supo aguantar y dirigir un hogar con 8 hijos, que había que alimentar aún cuando como en cualquier casa, de repente la situación económica no era tan fácil, y entonces nos preparaba unos huevos estrellados con arroz riquísimos, o un potaje o una higadilla que mmm… —indicó Xavier Arturo, quien recordó cómo en aquella mesa, no faltaba que alguno de sus hermanos lo descuidara gritando ¡Mira la araña en la pared…! Y cuando volvía a ver el plato, ya había volado su porción de carne.

—Entonces, existía todavía el yoyo, la kimbomba, el trompo, las canicas, cosas que ya los niños de hoy no juegan, pero también acostumbramos jugar “Patea la lata”, “Trébol”, “Tamalitos a la olla”, beisbol con pelota de hilo y correr empujando la camba de bicicleta con un palito —recordó Carlos José, quien todavía tiene fresco en la memoria aquel grito de “Arturoooo” con el que su mamita daba por finalizada la hora de juegos y había que prepararse para dormir.

Texto y foto: Manuel Pool

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