Los Salazar López: un ejemplo de amor

Se conocieron desde niños, y a pesar de que había entre ellos lazos de amistad, no había mucha simpatía; sin embargo, su destino era estar juntos y un 14 de febrero de 1970, hace 50 años, José Roberto Salazar Marentes y Guadalupe López Rodríguez unieron sus vidas en la Parroquia de Santiago Apóstol.

“Fue como una telenovela, al principio, no le era simpático. Comenzamos con el enamoramiento después de que ella cumplió 15 años; en ese tiempo las salidas eran restringidas, lo hacíamos con chaperones, y tres años después, me dejé llevar por el corazón y le dije que ella sería la madre de mis hijos”, dijo don José Roberto, quien de esta manera abrió la plática con el equipo de Peninsular Punto Medio.

“Él tenía el proyecto de irse al extranjero a poner un taller, a Los Ángeles, y yo estaba terminando mi carrera de maestra y me tendría que ir a trabajar a algún lado, entonces, no quería que él se fuera ni irme y dejar mi carrera trunca.

Entonces para evitar que el destino nos fuera a separar decidimos casarnos. Cuando fue con sus papás a hablar con los míos, ya tenía la fecha de la iglesia, la cita con la modista, y la fecha para ir al Registro Civil”, dijo la señora Guadalupe, quien recordó que, como era natural, al principio sus padres no terminaban de aceptar la boda, por lo que fue necesaria la intervención del sacerdote Alberto Castillo, quien entonces era el párroco de Cristo Obrero, parroquia a la que ambos pertenecían.

“Él convenció al suegro de que lo mejor era apoyarnos para que no hiciéramos alguna locura, eso nos ayudó a formarnos mucho, fue mi padrino”, intervino don José, quien es el hijo del inolvidable Dolito Salazar, muy famoso en la década de los setentas y ochentas por su taller de rectificación de motores.

“Cuando me caso es que tengo que trabajar, no sabía nada y por mi trabajo en el taller de ´gastada´ me daban 20 pesos a la semana, con ello pagaba ropa y zapatos a los Tino, allá nos daban crédito y abonaba de cinco a diez pesos; así compramos nuestra estufa, la primera vitrina y las ollas, vivimos en un cuartito que era utilizado como bodega, así es que en 15 días sacamos todos los fierros y la basura, lo pintamos y allí comenzó nuestra vida matrimonial, allí nacieron nuestros dos primeros hijos: José Roberto y Juan José; en total tuvimos cinco. Tener hijos ha sido un impulso inmenso para seguir mejorando”, recalcó don José.

“Me gusta ver mis fotos y recuerdo tantas cosas que hemos pasado”, comentó doña Guadalupe, quien destacó el significado que para ellos tiene el 14 de febrero, ya que coincidió su décimo aniversario de bodas con el nacimiento de su tercer hijo, Fernando Valentín, quien hoy cumple 44 años de edad.

Alegría inmensa

Fue en 1985 cuando la familia Salazar López, se llenó de una inmensa alegría con la llegada de Laura Goretti, la primera de las dos niñas de la familia, cinco años después nació Elsy Guadalupe.

“Los vecinos que aún viven en esta calle, la 33 A de la Huerta, recordarán que hace 38 años llegue a las cinco y media de la mañana tocando el claxon y gritando: ¡fue niña, fue niña! Le doy gracias a Dios por habernos concedido ese deseo, no creo ser merecedor de lo que Dios nos ha dado, pero si así fue, hay que agradecer y hacer el esfuerzo para conservarlo”, dijo.

Y precisamente para agradecer por estos 50 años juntos, hoy a las nueve de la mañana está programada una misa en la Parroquia de Itzimná y después, en compañía de sus 5 hijos y 8 nietos, además de amigos con los que vivieron experiencias de juventud, (algunos hasta se convirtieron en compadres), disfrutarán de un desayuno en el Hotel Victoria.

“Hemos adquirido un compromiso, una deuda con Dios de habernos dado en el matrimonio algo que añorábamos y que se tiene que devolver con una familia que sea ejemplo para los demás”, concluyeron.

Texto: Manuel Pool Moguel
Foto: Luis Payán

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