Los supervivientes

Jhonny Eyder Euán

jhonny_ee@hotmail.com

Los supervivientes no pueden mirar atrás porque se deprimen, cualquiera lo haría al recordar que perdió a uno o más seres amados. Después de tantos meses de dolor y agonía, los que quedan no pueden sacar de su mente el desastre.

Lentamente retoman la vida como era antes, aunque ahora entre sus actividades más comunes sobresalen las visitas a los cementerios. Suelen llevar flores a sus familiares fallecidos y otras para los demás difuntos. Cuando caminan hacia la salida van dejando las rosas y tulipanes en las tumbas. La gente se ha vuelto más empática. Lo que pasó fue tan duro que les recordó ese lado solidario que tenían oculto y ahora siempre tratan de ayudar en lo que puedan al prójimo.

Los supervivientes también leen a diario las noticias. Más que un gusto, es una necesidad que el pánico les enfundó. Necesitan saber que el tormento no regresará, que están a salvo. Aparentemente lo están, ha pasado más de un año desde que el mundo se paralizó. Sin embargo, el recuerdo del caos aún se hace presente en sus sueños.

Los más jóvenes comparan la crisis con sucesos de series o películas. Entre ellos bromean y dice que lo que sucedió fue similar a un apocalipsis zombie, pero sin muertos vivientes ni saqueos ni balazos.

A los niños no les deja de parecer raro e incómodo tener que cubrirse la boca cuando salen a jugar o acompañan a sus madres al supermercado. Ellos no entienden muchas cosas, eso es algo que sólo el tiempo les permitirá hacer.

Muchos de los sobrevivientes lograron tener un futuro porque cuando la desgracia comenzó abandonaron las grandes urbes y se instalaron en zonas rurales. Se trasladaron al campo para vivir en haciendas o casas rentadas. Fue una medida abrupta y exagerada en su momento, pero los resultados justificaron su acción. Otras personas resistieron sin moverse de sus viviendas. Solamente se prepararon exhaustivamente para lo que se avecinaba.

Gran parte de las personas que subestimaron la crisis perdieron la batalla y ahora son recordados con fotografías en altares. Es por eso que los cementerios se llenan de gente, al igual que los hospitales, donde hace mucho tiempo que se vive una saturación de pacientes.

Hay supervivientes que ahora pasan tiempo bajo la sombra de árboles. Se sientan en la hierba a platicar mientras algunos pájaros los acompañan con sus cánticos. Lo mismo hacen otros sobrevivientes pero en el techo de sus casas multifamiliares. Es común que suban por las noches con comida y algo para beber. Desde las alturas se ve a una ciudad serena donde otros supervivientes caminan para dejar atrás los funestos días de 2020.

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