Madre/Padre aprensiva(o) – hijo(a) ansioso(a)

RENÉ EMIR BUENFIL VIERA
psicrenebuenfil@gmail.com

Cuando las personas llegan al consultorio de terapia psicológica por ansiedad generalizada o ataques de pánico, les digo que para mí el pánico son miedos acumulados, es como si cada vez que llega o pasa algo que te da miedo no lo quieres enfrentar, entonces lo haces a un lado, “lo amontonas en un rincón” y así vas acumulando miedo tras miedo, porque no los quieres enfrentar, porque según tú no deberías sentir miedo o porque no te crees capaz de vencerlo.

Es algo parecido al programa de televisión “los acumuladores”, pero en lugar de objetos, acumulas miedos.

¿Por cobardía? No precisamente, yo diría que por falta de inteligencia emocional, o de ciertas competencias socioemocionales; se llama no saber manejar o administrar tus miedos para poder fluir con ellos, así como lo haces con otras emociones.

El chiste es aprender o reaprender a enfrentar los miedos cuando llegan, en el momento que surgen, en lugar de acumularlos hasta que se combinen todos y se conviertan en un ataque de pánico, que es más difícil de enfrentar.

La siguiente parte de la psicoterapia es intentar descubrir de dónde aprendiste a no enfrentar tus miedos, y eso ha llevado a muchas personas en el consultorio a recordar anécdotas de su infancia donde su mamá o papá son personas muy aprensivas, de esas que les infunden miedo a sus hijos(as) ante todo lo malo que podría pasar, y el mensaje que sus hijos(as) reciben es que su mamá o papá piensa que no son capaces de enfrentar esas situaciones, como si fueran indefensos o débiles.

Quizá estas situaciones donde un(a) adulto(a) te trasmite su preocupación te haga depender de ellos(as) y eso sea entendible porque eres niño(a), pero cuando creces y tienes que enfrentar tus miedos sin ayuda, por tu propia cuenta, entonces ya no es tan conveniente porque te tienes que parar con tus propios pies y salir adelante por tus propios méritos, enfrentarte al mundo y a las situaciones difíciles de la vida con asertividad y fortaleza de carácter.

Cambiar tu visión de los miedos y dejar de verlos como algo que no sabes manejar, y empezar a tener varias herramientas emocionales para enfrentarlos sin que te paralicen, te hagan dudar, te dificulten ponerle límites a la gente o te hagan huir de situaciones o personas por el resto de tu vida, es un paso hacia la madurez emocional y la paz mental que muchas personas adultas tienen que superar.

Deja de hacerle caso a esa voz de mamá o papá en tu cabeza que te dice “no puedes”, “deja de portarte así”, “no tengas miedo”; solo permitiéndote a ti mismo(a) sentir miedo podrás fluir con él.

Y si hacerlos a un lado o ignorarlos ya es costumbre, habría que trabajar en vencer la tentación de seguir haciéndolo y empezar a tomar al toro por los cuernos para descubrir esas partes valientes de ti. Nadie te tiene que apurar u obligar a enfrentar tus miedos si no quieres, pero sí te puedes ir preparando para hacerlo, a tu propio ritmo y a tus propios tiempos.

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