Medio siglo después, una pandemia alivia al planeta en el día de la tierra

Cincuenta años después de que 20 millones de personas celebraron en Estados Unidos por primera vez el Día de la Tierra, el planeta ahora está combatiendo su supervivencia en el momento en que una pandemia ha infectado a 2,603,147 de personas y tiene a millones guardados en sus casas para evitar más contagios.

Cincuenta años después que 20 millones de personas celebraron en Estados Unidos el primer Día de la Tierra una pandemia ha dejado sin empleo a más de 22 millones de trabajadores en este país, y ha cortado drásticamente el consumo de gasolina y la contaminación del aire en las metrópolis.
“Si bien todavía tenemos un largo camino por recorrer hacia un planeta saludable y sostenible para todos y todas, también hemos recorrido un largo camino desde el primer Día de la Tierra”, afirmó en una declaración el grupo ambientalista EarthJustice.
Las actividades que se han hecho tradición en esta jornada anual, incluidos los festivales musicales y las movilizaciones de miles de personas para plantar árboles y limpiar arroyos y parques, no ocurrieron ayer miércoles, cuando casi dos tercios de la población del planeta están sujetos a medidas de aislamiento para contener la pandemia del COVID-19.
El “encierro” global redujo la demanda de combustibles y la actividad económica, llevando los precios del petróleo a caídas significativas, mientras que por las calles casi sin tránsito se aventuran animales silvestres, y en las ciudades con mayor contaminación del aire la gente puede ahora ver el cielo.
En lugar de aquellas actividades, los grupos organizadores lanzaron un “web” global con mensajes de personalidades famosas, y llamados para que la ciudadanía se ponga en contacto inmediato con sus representantes legislativos elegidos y las autoridades gubernamentales, instándoles a continuar las políticas de defensa ambiental.
Ya en enero de 1970 el presidente republicano Richard Nixon había promulgado la Ley Nacional de Política Ambiental (NEPA, en inglés), aprobada en el Congreso por una amplia mayoría partidista que reflejaba el consenso social y la energía de la militancia ambiental gestada en las turbulencias sociales y la era de los “hippies”.
Las demostraciones multitudinarias de aquel 22 de abril apuraron a Nixon en la creación de la Agencia de Protección Ambiental, la cual inició sus operaciones en diciembre de ese mismo año.
Blanco permanente de la sorna y las críticas de sectores conservadores, el movimiento de defensa ambiental se entrelazó con las luchas contra la globalización en la década de 1990, y ya en su cuarta década se fortaleció con las movilizaciones mundiales sobre el cambio climático.
Los sucesivos presidentes de Estados Unidos han respaldado con mayor o menor entusiasmo las leyes, regulaciones y programas para reducir la contaminación ambiental y el consumo de combustibles fósiles, y para preservar áreas y especies silvestres, pero el presidente Donald Trump emprendió una política que elimina regulaciones y abre para la explotación petrolera áreas hasta ahora protegidas.
Según una encuesta mundial de Gallup, el 56% de los estadounidenses está insatisfecho con los esfuerzos hechos para reducir la contaminación y mejorar la calidad del ambiente en contraste con, por ejemplo, China donde la satisfacción es compartida por el 85% de los encuestados.
El 83% de los estadounidenses está satisfecho con la calidad del agua en la región donde viven y el 83% está satisfecho con la calidad del aire.

Derecho a un medio ambiente saludable

La organización conservacionista BirdLife International pidió a la Organización de Naciones Unidas (ONU) que incluya el derecho a un medio ambiente sano en el articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En una carta abierta al secretario general de la ONU, António Guterres, con motivo del 50 aniversario del Día Mundial de la Tierra, la principal asociación internacional de conservación de la naturaleza le insta a dar “un paso audaz y sin precedentes” y declare el medio ambiente saludable como un derecho humano fundamental.
BirdLife International pidió que se consagre este derecho como el artículo 31 de la Declaración Universal y esté garantizado por políticas públicas y regido por la sostenibilidad, el conocimiento científico y la sabiduría tradicional.
La organización conservacionista recordó que el tratado, que estableció por primera vez los derechos humanos fundamentales para su salvaguarda a nivel mundial, no incluye ningún artículo sobre la conservación del medio ambiente, “del que depende la vida, la salud de las personas y su desarrollo social y económico”.
Para Patricia Zurita, CEO de BirdLife International, “si bien el COVID-19 es devastador, también ofrece a los líderes mundiales la oportunidad, y de hecho la obligación, de transformar la sociedad, para proteger aún más nuestro bienestar y el de las generaciones futuras”.
“La salud de nuestro planeta es nuestra salud, los humanos dependemos de la naturaleza para nuestra supervivencia, pero nuestras acciones han alterado el equilibrio natural de la Tierra”, subrayó.
Por su parte, la directora de Ciencia y Política de BirdLife, Melanie Heath, recordó los esfuerzos que se vienen haciendo desde que en 1948 fuera proclamada la Declaración Universal de Derechos Humanos para incluir el derecho a un medio ambiente saludable; “hoy, esperamos que la gravedad de la pandemia sea una llamada de atención lo suficientemente fuerte como para que la ONU y los ciudadanos del mundo se unan para restaurar la naturaleza y protegernos de crisis similares en el futuro”, enfatiza.
Para Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife -filial en España de BirdLife International- “el artículo 31 sería un regalo para el mundo y las generaciones futuras y qué mejor momento para insistir en ello que el Día de la Tierra”.
“Consagrar un medio ambiente natural sano como un derecho fundamental beneficiará a la humanidad y es el único camino para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas”, subrayó.

Texto y foto: EFE

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