Migrante, hermano

Por Renata Millet

Con la noticia de la caravana migrante, hemos volteado los ojos hacia nuestra frontera sur, como pocas veces (el menos mediáticamente) lo hacemos. Esto no es nada nuevo y el tema del migrante va mucho más allá de la bestia, las patronas y el padre Solalinde.

En Mérida basta con ir de noche al Hospital General Agustín O´horán y platicar con las personas que están ahí. Hay mucha gente de Chiapas y otros de Guatemala, Honduras y hasta del El Salvador han ido hasta ahí. Algunos solo van a pasar la noche a la explanada, ya que, al estar vigilado y cercado, es un lugar mucho más seguro que las calles.

Hace un par de meses me topé en la calle con un hermano migrante de honduras. Pedía dinero para comer o trabajo. Decidí contratarlo para que limpiara las calles de la colonia y me puse a conversar con él mientras limpiábamos. Me dijo que le habían robado toda su mochila con sus papeles y que por eso nadie le daba trabajo, me mostró un golpe y una cortada enorme que tenía por el robo. Le platiqué de distintas fundaciones de la Ciudad de México que ayudan a migrantes. El sólo me preguntaba “¿Ahí me van a dar trabajo?”

Los vecinos que estaban afuera de sus casas, al ver que platicaba con este señor me preguntaron si estaba todo bien. Les conté su situación y entre varios hicieron una coperacha para darle algunos pesos. Estas personas no son de los más altos recursos: era el hojalatero, la señora del tendejón, el barrendero, el zapatero.

Al señor le dije que no sabía si le iban a dar trabajo, pero que seguro lo iban a poder ayudar mucho más que yo. Me dijo que estaba bien y me ofrecí a llevarlo y acompañarlo al día siguiente.

Le pedí a un amigo que me acompañara. Estuve esperándolo durante tres horas y nunca llegó. No lo culpo en absoluto ¿confiaría yo en alguien después de haber pasado por tantas cosas? No lo creo y menos arriesgando lo lejos que ya había llegado por creerle en una chava. No sé si su historia es verdad, ¿qué tal si no encontró el camino de regreso? ¿Si se lo llevó la policía? ¿si lo asesinaron?

Aquí hay madres mexicanas buscando a sus hijos y siguen sin encontrarlos. Un migrante, hijo de la chingada, que fue a nacer en un lugar no escogido. Un pobre diablo, que acabó en una situación que lo impulsó a irse y dejar absolutamente todo su patrimonio por una mejora incierta, un regreso poco probable y una muerte cercana, ¿a quién le importaría?

Les importó a los vecinos cuando conocieron su historia y lo miraron a los ojos. En ese momento ya no fue un migrante, fue una persona con nombre y apellido, que estaba lejos de casa, que tenía sueños y estaba desesperado. Es entonces cuando sentimos empatía, en el momento en el que dejó de ser una categoría para nosotros y los descubrimos personas.

Repito, no es algo nuevo. En nuestra ciudad hay numerosas personas que están desde hace mucho tiempo en esa situación de vulnerabilidad. Primero, hay que verlos y mirarlos como personas. No por ser migrantes se colocan en un estrato especial, pero al ser un grupo tan vulnerable sí requieren de mayor ayuda. Luchar por sus derechos no le resta ni importancia ni espacio a otras luchas que compartimos los mexicanos, sino que suma fuerzas. Creo que es importante tomar esta noticia y buscar sensibilizarnos ante la situación de los migrantes, porque solo conociéndola a fondo podremos hacer algo por ellos y por nuestra casa que los acoge.

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