Mr. Noel Chandler…

Era Noel. Un romántico del toreo. Una vida muy vivida. Una copa de vino, Muga tal vez. Un ser entrañable e irrepetible. Un ordoñista confeso. Una guitarra con alma y un alma con guitarra. Un rondeño, un enamorado de Ronda, y alguien amado por la ciudad de Rilke. Una mirada franca y un gesto alegre. Un señor. Un caballero. Un gentleman. La estampa británica. Era el mejor encierro de San Fermín, ese que es hermoso y limpio y dura dos minutos y treinta y nueve segundos. Era Ronda. Era Pamplona. Era el ole ronco, añejo, clásico. Era un sabio del toreo. Un bohemio, y un montòn de noches de bohemia. Era jazz, flamenco, piano y violín. Alguien diferente. Era alguien que mandò, sintiò y viviò.

Era Noel…

Tantos recuerdos con él. Le recuerdo junto a mi hermana Silvia, Juani Bulerías, Ángel Harillo, Humberto Parra, una mesa en la terraza, el vino, y noche de Goyesca. Así llamaba él a las madrugadas previas a la corrida de Antonio Ordòñez. Le recuerdo con su abrigo, presencia impoluta, caminando por las calles de Madrid hacia Las Ventas, hablando de toros. Me acuerdo de él en Linares, cuando toreaba José Tomás y la tarde era rosa manoletino. Le recuerdo con Anya, almorzando él y Anya y yo y una plática de arte y cadencia. Le recuerdo una velada de niebla y Madrid Madrid Madrid al ritmo que primero marcò mi gran Fran Vílchez y después los bares y Silvia y Anya y yo…

Simplemente Noel…

Su impresionante biblioteca en su impresionante casa en un impresionante lugar de Madrid me impresionaba… Tardes de lectura, apuntes, recortes, momentos de un tiempo lejano que Noel sí conociò. Recuerdo estar en su casa una mañana entera comiendo muffins de limòn que aporté yo y bebiendo vino tinto que descorchò él… y hablando de José Tomás. Pura esencia. Noel era generoso. Noble. Puro. De verdad. Inmenso! No comía cuando estaba en temporada, siempre lo decía con su acento galés y su tono càlido. Noel Chandler: un caballero de la cabeza a los pies y de los pies a la cabeza, un taurino.

Noel…
Con ese nombre tan navideño… Era como un junco. Mirada serena. Me acuerdo de una noche de “las chicas” en Ronda, con nuestra Ana Filgueras maravillosa, Noel afirmaba querer “cruzar el puente…El de Ronda. O el de Triana. Uno!” Era la bondad. La nobleza. Amaba la noche, y el día, y la alegría. Era serio y responsable cuando la ocasiòn lo exigía. Era muy culto. La galantería hecha hombre. Divertido como pocos. Era amigo de Antonio Ordòñez, le adoraba. Era él. Un personaje. Una leyenda. Alguien distinto. Y de verdad. Era auténtico.

Le recuerdo en su casa de Estafeta, este julio. Nos convidò a ver el encierro allí. Era el arte!

Hoy mi más inmenso beso es para mi querido Noel, que parte hacia el cielo, allá le aguardan Antonio Ordòñez, Juani, Ángel. Y Manzanares, que es goyesco y rondeño y flamenco. Hoy el cielo huele a Ronda. Y un abrazo para muchos de sus amigos, que también son mis amigos, mi querida Anya, Humberto, Christer…

Algún día escribiré mucho más de Mr. Chandler. Como muy bien dijo Hemingway tengo que contar algunas cosas, aunque quedan todavía muchas cosas vividas por contar…

Descansa en paz, Noel. Brindo por ti, amigo.

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