Muerte en el ring

Por Marcial Méndez

El pasado sábado, durante un mano a mano con Juventud Guerrera, Silver King colapsó después de intentar conseguir la cuenta de tres. El público vitoreaba, animando a los luchadores a continuar el combate. Juventud se puso de pie. Silver King lo intentaba, su pierna izquierda seguía el ritmo marcado por los aplausos de los aficionados como si de ellos pudiera obtener la fuerza que necesitaba para levantarse. No fue suficiente. Apenas y se sostenía a gatas cuando Juventud Guerrera le propició una patada en el pecho. Silver King se derrumbó y no volvió a moverse. Murió sobre el cuadrilátero.

El show continuó. Ante la inercia de su oponente, Juventud le pidió al árbitro que hiciera un conteo ilegal para terminar la lucha, pero este último se negó. Con mucho esfuerzo, Juventud puso a Silver de espaldas planas y, finalmente, inició la cuenta. Uno, dos… El referí se frenó, esperando que se rompiera el conteo. Luego de una pausa larga e incómoda, cayó el tres. Juventud celebró su victoria. Pasó demasiado tiempo antes de que llegaran a auxiliar al enmascarado.

Lo acontecido recuerda al fallecimiento del Hijo del Perro Aguayo en el 2015. Aquella tragedia dejó en claro la necesidad de mejorar los protocolos de emergencia en las funciones de lucha, pero, a pesar de ello, el sábado pasado ha vuelto a suceder otra similar. Por tanto, hoy se lamenta no solo la muerte de Silver King, sino también las inaceptables condiciones en las que se desempeñan los profesionales de la industria luchística.

 

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