Mutis

Armando Escalante
Periodista y analista político

Los planes para destruir la democracia mexicana avanzan tan rápido y son tan evidentes que ahora sÍ, millones de mexicanos los ven. Incluso los más incrédulos e ignorantes se han dado cuenta o alcanzan a entenderlo. La orden está dada por el autor del plan, desde la comodidad de su residencia en Palacio Nacional, hoy convertido en la trinchera del tabasqueño que odia los contrapesos.

Este desmantelamiento de la democracia comienza por varios flancos pero todo apunta al mismo objetivo. Hay que acabar con el Instituto Nacional Electoral y con el Tribunal Federal que le revisa y avala sus casos. No conviene que existan ambos organismos porque le restan poder al poderoso. Antes, el presidente ha ensayado lo que hace: ya demolió otros entes como el de las comunicaciones, las energias limpias son golpeadas y ahora va contra la transparencia.

Como se sabe, el peje quiere ser la única autoridad electoral que determine resultados, que cancele procesos, que no permita que contiendan ciertos candidatos, desea que no haya reglas, que los suyos pudan hacer lo que les venga en gana y al final, él nombre al ganador. Cumplir con la Constitución no le gusta. Le choca. Quiere elecciones sin boletas, sin urnas, sin casillas; no le gusta el padrón con fotografía. Menos una credencial de elector. La tinta indeleble es su enemiga. Ni se diga las urnas transparentes. Para él, todo eso es una auditoría que lo puede exhibir. La transparencia lo pone de malas.

El plan sigue y no para. Mientras nadie marque distancia, mientras todos cooperen, el presidente envalentonado seguirá adelante aplastando instituciones. Denostando a los demás. Destruyendo reputaciones, falseando la historia, inventando y fabricando culpables que no son castigados. Solo panfleteados. Linchados desde el púlpito presidencial.

Los empresarios que suelen ser usados para la fotografía, siguen cooperando con él, muertos de miedo. Los cobardes gobernadores se arrodillan porque la cola que tienen es larga y se las pueden pisar. Los medios de prensa son tibios; algunos, dan la batalla pero mantienen abierta la puerta al coqueteo. Aceptan la diaria bofetada que desde el poder les propina el peje. Los escupe todos los días diciéndoles que son los más corruptos y ninguno reacciona. No saben cómo pelear contra un barbaján. Le siguen publicando sus payasadas y hasta festejando sus excesos. Lo reportan en sus páginas en vez de ignorarlo. Difunden sus mañaneras como si fuera chiste, dándole valioso tiempo del que él se sabe aprovechar.

Intelectuales, artistas, cineastas, deportistas, madres solteras, médicos, enfermeras, empleados de gobierno, niños y adultos enfermos, pacientes oncológicos, maestros, burócratas, funcionarios, periodistas… todos tienen en común haber sido ya víctimas del peor presidente que ha tenido México, pero ninguno se atreve a decirlo. Nadie protesta, no alzan la voz. Están esperando que los dejen sin poder hablar para darse cuenta de que pronto no podrán decir nada.

El xix.— Si les quitaron el Seguro Popular y no dijeron nada. Si les quitaron los comedores y se callaron. Si les cerraron estancias y guarderías y se conformaron con hacer silencio; si les retiraron las becas y no objetaron nada… si borraron el Fonden y apechugaron; cerraron fideicomisos y los afectados no se movieron, si les desapareció la oficina en el extranjero y apretaron los labios en furioso silencio, es claro que a todos les podrán quitar el derecho al voto y hará mutis. El INE está solo. Nadie saldrá a defenderlo porque los que lucharon por tenerlo, la mayoría ya pasan los 50 o 60, si es que sobrevivieron a esta pandemia. Los más jóvenes no tienen idea de lo que fue el Mėxico de 1970-1980. Ni saben del trabajo que dio llegar a tener elecciones limpias. Y seguro que no se imaginan que en este país todo puede cambiar y hasta el wi-fi pueden perder.

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