No es tan fácil darse cuenta

Por Carol Santana

Uno de los aspectos de la violencia de género que se nos hace más difícil comprender es que las víctimas muchas veces no saben diferenciar cuando está sucediendo.

En la mayoría de los casos la violencia física aunque es la más visible no suele ser la más común: insultos, bromas hirientes y pequeñas prohibiciones son algunas de las pequeñas acciones con las que la violencia puede comenzar en una relación.

¿Y por qué lo soportamos? Para empezar, tenemos la falsa creencia de que el amor todo lo puede y que debemos luchar por él.

Nos enseñan que amar implica sufrir y que el amor verdadero es paciente y fiel. Y mientras más grande sea la prueba, más grande será la recompensa.
Al mismo tiempo, aún cuando logramos identificar la violencia en sus primeras etapas, las víctimas se convencen de que en realidad la merecen y que sus agresores sólo le están haciendo un favor al estar implicados románticamente con ellas.

Otro de los factores que influyen es el estereotipo que existe al rededor de las víctimas y los agresores. Por una parte creemos que para ser una víctima se debe de ser sumisa o sin educación alguna, y que un agresor debe ser una persona que parezca muy mala o cruel.

La realidad es que sin importar el nivel educativo o el tipo de personalidad, la violencia de género logra colarse en nuestras vidas ya que no es algo que dependa completamente de nosotras. Los agresores nunca tienen una etiqueta en la cara en la que diga que es un agresor, son personas normales con trabajos, amigos y familia.

Incluso cuando la mayoría de las víctimas de violencia de género son mujeres y son estas el grupo más vulnerable, no podemos negar que la existencia de víctimas masculinas que por miedo a que se rían de ellos decidan ignorar las conductas violentas de sus parejas.

Al final, siempre acabamos por preguntarnos ¿por qué una persona dejaría que otra la tratase tan mal? ¿Por qué lo soportan? ¿Por qué no los dejan?
No existe una respuesta fácil porque romper el ciclo de violencia es difícil. Las víctimas suelen estar aisladas de familiares y amigos, atrapadas gracias a factores económicos como depender de sus esposos, o miedo de perder a sus hijos.

La educación y las costumbres muchas veces impiden que las víctimas denuncien. Por eso es importante contar con programas y autoridades con perspectiva de género para poder atender correctamente a víctimas y entender que no es tan fácil salir del ciclo de la violencia y que requiere más que decir amiga date cuenta.

 

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