No hombre: unos genios

DE ACUERDO con la cuenta pública 2017, Claudia Salazar reportera del diario Reforma, publicó que la SEP ocupó 1,963 millones de pesos en imagen para “dar a conocer la Reforma Educativa”, un aumento del 2700% sobre lo autorizado por el Congreso, mientras que disminuyó la cantidad destinada a la capacitación de maestros.

Como era de esperarse en esta administración, en la que el presidente piensa que 5 es menor que 1, tal vez el otrora titular de la dependencia pudo haber pensado que, gastando más, lo que hacía era ahorrar, porque en el balance final se habla de un subejercicio presupuestal.

Aurelio Nuño, ex secretario de Educación, será recordado no por su liderazgo para llevar a cabo la Reforma Educativa sino por sus pifias. Un secretario que llama astróloga a la astrónoma Julieta Fierro en un acto público, o quien durante la edición 36 de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil aconseja empezar a “ler”, y es corregido por una niña que se acerca al micrófono y le murmura “se dice leer”, hoy coordina la campaña de un candidato que no sabe cómo se llama un libro que acaba de escribir. Ojalá sea uno de los tres que pueda recordar Peña Nieto.

Triste herencia que reitera lo que todos sabemos: que la educación en nuestro país es el inicio de nuestra desgracia. Es casi imposible imaginar que al inicio del mandato se tuvo que hacer un censo para saber cuántas escuelas y cuántos maestros operaban en el país porque ni la SEP poseía tal dato.

La susodicha reforma ya tuvo su primera evaluación en la prueba Planea que arrojó el año pasado que las competencias básicas de lenguaje y matemáticas son escasas y vergonzantes, tras 5 años de implementación.

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (Inee) acaba de aplicar la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (Pisa, por sus siglas en inglés), cuyo más reciente resultado nos ubicó en el último lugar dentro de los países de la OCDE.

Los magros resultados de una reforma de la que nos dicen, todavía no se pueden exigir, incluyen algunos aspectos que, sin ser expertos en el tema educativo, nos causan sorpresa y desconcierto, como el hecho de que no existan reprobados en algunos niveles. Lo cual infla artificialmente el promedio de aprovechamiento de los alumnos en general.

Para quienes nos sentimos defraudados por el tema educativo la frustración es doble porque si se utilizaron los recursos como se ha dicho, todas las instancias que velan por nuestro interés, incluida la Auditoría Superior de la Federación y la Secretaría de la Función Pública no están haciendo bien su trabajo. Más dinero y menos resultados. Al menos no para la población en general.

Una máxima del “profesor” Hank González a sus pupilos de partido rezaba: “un político pobre es un pobre político”.

Por Carlos Hornelas

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