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No necesitamos tantas guarderías

Por Adriana Vera Orozco

Cuando una mujer trabajadora se convierte en madre en nuestro país, no importa en qué institución, empresa o negocio trabaje (o qué puesto desempeñe), esa mujer inicia un malabar entre la crianza y su sufrida subsistencia en un mundo laboral particular-mente desconsiderado para con las mujeres con hijos. Las guarderías y estancias infantiles juegan un papel clave en este proceso, sin embargo, no deberían ser el único apoyo que se nos ofreciera.

Mientras que en la generación anterior muchas abuelas asumieron la responsabilidad para apoyar a su hijas en su desarrollo profesional —mismo que también a ellas beneficiaba—, eso se prácticamente se ha extinguido. Ahora las abuelas (y abuelos) siguen trabajando más allá de su edad de jubilación y, por lo mismo, el recurso más común es mandar al bebé a una guardería desde los 45 días de vida y hasta los 4 años de edad, cuando ya pueden entrar al sistema preescolar.

Las guarderías (las de IMSS, las subrogadas, las que ofrecen ciertas instituciones públicas e incluso las privadas) tienen una cantidad de inconvenientes, no solo incómodos sino hasta preocupan-tes. Las listas de espera son kilométricas.

Las instalaciones muchas veces son poco adecuadas y si ya desde siempre han sido estigmatizadas, después de la dolorosísima tragedia de la Guardería ABC siempre queda la inquietud de que, el lugar en el que estamos dejando a nuestros hijos, sea realmente seguro.

No siempre hay una estancia infantil convenientemente cerca; los motivos para que un día cualquiera no reciban a los niños son múltiples, inevitables y recurrentes.

Y a pesar de todo lo anterior, las guarderías son una pieza fundamental para el desarrollo profesional y económico de las mujeres y de las familias de los niños que hacen uso de ellas. Por eso, el anuncio del recorte a guarderías y estancias infantiles subrogadas causa tanta preocupación.

Sin embargo, el motivo por el cual se requieren tantos lugares en donde dejar a nuestros bebés es porque no existen políticas que apoyen el cuidado de la primera infancia de las personas más importantes que lo pueden proveer: la madre, por supuesto. Pero también el padre de la criatura.

Los permisos por maternidad y paternidad son mínimos y breves y después de los primeros meses pareciera que ya no hubiera compromiso social que cumplir.

Dicen que para educar a un niño se necesita un pueblo entero. En el esquema actual, la responsabilidad recae principalmente sobre la madre y eso se nota desde el hecho que las guarderías del IMSS solamente dan apoyo a las “mamis” trabajadoras. (Los hombres solamente tienen derecho a guardería en el caso de ser viudos o divorciados con la custodia de los niños). Eso evidencia cómo se demeritan la cantidad innumerable de trabajos formales e informales que desempeñamos las mujeres (el doméstico aparte) y que muchas veces no son meritorios de un apoyo social.

En México no hay conciencia del costo social de la crianza, lo cual se refleja en la falta de políticas públicas como:

– Permisos por maternidad y paternidad más extensos (un año idealmente) con reducción del salario.

– Horarios flexibles para coordinar con los padres y conciliar trabajo y vida familiar.

– Leyes que exijan a las empresas que den el servicio de guardería como parte de las prestaciones laborales.

Según un reporte publicado por UNICEF en 2008, El cuidado infantil en los países industrializados: transición y cambio, “cuando los propios padres pueden elegir —y cuentan con el apoyo necesario para que esa elección sea una realidad— la tendencia ha sido clara.

 

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