Obispo de los desprotegidos se retira tras 20 años rompiendo moldes en México

El principal reto de Raúl Vera López fue organizar a los sectores laicos en un proyecto pastoral orgánico en donde se viviera el espíritu del Concilio Vaticano II, “es decir, una Iglesia en el mundo y para el mundo. Una Iglesia muy cerca de la sociedad”.

En sus 20 años de actividad pastoral, el obispo mexicano Raúl Vera López enfrentó amenazas de militares, del poder político y de cárteles debido a su proyecto de edificar una Iglesia que fuera “cercana al mundo y para el mundo”, apoyando desde la causa migrante hasta al colectivo Lgbti.

—El principal reto que sentí al arribar a la Diócesis de Saltillo, Coahuila, fue organizar a los sectores laicos en un proyecto pastoral orgánico en donde se viviera el espíritu del Concilio Vaticano II. Es decir, una Iglesia en el mundo y para el mundo. Una Iglesia muy cerca de la sociedad —dijo.

Vera López es conocido tanto por su apoyo a migrantes, víctimas de la violencia, campesinos o miembros de la comunidad Lgtbi como por hablar a menudo con pocos tapujos: Antes del Concilio, la Iglesia católica era como una pirámide en cuya cúspide había una concepción monárquica “en donde el Rey lo es todo”, explicó Vera (Acámbaro, 1945)

Su principal objetivo, congó a Efe, fue “integrar a los laicos en las actividades pastorales” y alzar la voz por los más desprotegidos.

Recientemente, exigió justicia para las familias de las 19 personas calcinadas —posiblemente migrantes guatemaltecos— hallados en el nororiental estado de Tamaulipas. Fue de las primeras figuras públicas en alzar la voz, en un fin de semana marcado por el contagio de covid del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Y es que para Raúl Vera, la Iglesia debe atender a las personas que están sufriendo por cuestiones que no deben suceder, lo que él considera la gente “descartada” de la sociedad porque son pobres.

La defensa de víctimas y desprotegidos le valió ser reconocido por la Fundación noruega de derechos humanos Rafto en el año 2010 y también ha estado nominado en tres ocasiones al Premio Nobel de la Paz.

UNA TRAYECTORIA DE LUCHA

El papa Juan Pablo II nombró a Raúl Vera Obispo para Saltillo en el año 2000, y desde entonces él no paró.

Para el 19 de febrero de 2006 sucedió la tragedia de la mina Pasta de Conchos en donde 65 mineros quedaron sepultados tras una explosión debido a una serie de irregularidades.

Tras el accidente, Vera y sus organismos se movilizaron para apoyar a las familias de las víctimas para que defendieran sus derechos.

Meses después de la tragedia, el religioso encabezó la defensa de un grupo de 13 prostitutas que fueron violadas por efectivos del Ejército en el municipio de Castaños, Coahuila, en julio de 2006.

La Diócesis de Saltillo entró en contacto con las víctimas a través de la activista Jacqueline Campbell, que llevaba el caso, y Vera comenzó su propia defensa de las mujeres.

—Empezaron a tomar bebidas sin querer pagar y a manosear a las bailarinas. Cuando les pusieron el alto, se salieron y regresaron vestidos de militares, en vehículos oficiales. Sacaron a la gente del bar y comenzaron a violar a las mujeres —recordó.

Hasta el punto que el juez que llevó el caso y que intentó declarar inocentes a los militares se quejó ante el Vaticano por la intervención del obispo.

MIGRANTES Y VÍCTIMAS DE VIOLENCIA

El obispo contó que a él le tocó rescatar una casa refugio para migrantes en Saltillo muy mal administrada.

Pero su apoyo a los migrantes siempre ha sido inquebrantable, y como prueba de ello poco después consiguió una casa y puso al frente tanto a monjas como a personal laico de la pastoral.

Meses después, el sacerdote Pedro Pantoja, quien recientemente falleció, se hizo cargo del albergue de Saltillo, llamado el Refugio Belén, que es el más grande del país y que recibe a miles de migrantes centroamericanos cada año.

Para este obispo, una de las mayores tragedias de México ha sido la constante violencia provocada por el crimen organizado y su más perversa consecuencia es la desaparición de miles de personas. Son casi 80,000 casos, según las últimas cifras reportadas por la Secretaría de Gobernación.

La defensa y apoyo a las familias con parientes desaparecidos es una de las principales actividades que ha realizado en los últimos años la Diócesis de Saltillo. Así, nació Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila (Fundec), que quedó bajo el control de entidades vinculadas a la Iglesia de Saltillo.

—Nunca pensamos encontrar tan gran cantidad de víctimas —remarcó. Y recordó que se creó Fundec para fortalecer la labor de búsqueda y ayudar aquellas familias —a menudo de todo México— cuyos parientes desaparecieron en Coahuila.

A la intensa actividad de la Diócesis a favor de los familiares de desaparecidos se le suma la de defender a los internos en cárceles, a los migrantes e incluso a miembros de la comunidad Lgbti.

Con el apoyo a este colectivo, mostró sintonía con el papa Francisco desde que en 2013 el pontífice dijo que “no es quien” para juzgar a los homosexuales.

—Que se reconozcan la dignidad de los gays y lesbianas —celebró entonces Vera.

LA SOMBRA DEL CRIMEN ORGANIZADO

Todo ello ha provocado molestias entre funcionarios públicos y poderosos empresarios conservadores.

Por ejemplo, cuando defendía a las mujeres del caso Castaños: “Una noche salí tarde de Cuatro Ciénegas para venir a Saltillo y nos comenzó a perseguir una camioneta blanca que no envía ninguna identificación de nada”.

Las amenazas también llegaron por parte de grupos del crimen organizado, ya que en diversos momentos el cártel de los Zetas quiso sacar a los refugiados.

Los Zetas intentaron entrar y secuestrar a los migrantes dijo Vera, quien también acusó a la Guardia Nacional de querer interceptar los archivos del centro.

Luego de 20 años al frente de la Diócesis de Saltillo, Vera se retiró el pasado viernes tras romper muchos esquemas.

En su lugar arriba Hilario González, exobispo de Linares, en el estado de Nuevo León, a quien el papa Francisco nombró para sustituir a Vera López.

Texto y fotos: EFE

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