Pacientes que pierden el olfato tienen COVID leve

Un estudio indica que 86 de 100 personas que pierden este sentido cursan la enfermedad sin tener baja en su oxigenación o desarrollar neumonía

La pérdida del olfato, también llamada anosmia, es uno de los síntomas más conocidos del COVID-19, pero podría ser señal de que la infección que se cursa es leve.

De acuerdo a un estudio reciente, se indica en el sitio Verificovid, integrado por especialistas dedicados a combatir la desinformación en el tema, 86 de cada 100 personas que cursaron la enfermedad de manera leve, sin tener baja en su oxigenación o desarrollar neumonía, perdieron el olfato.

El estudio también encontró que solo entre 4 y 7 de cada 100 personas que sufrió síntomas graves de COVID-19, como tos fiebre y dificultad para respirar, perdió el olfato.

La gran mayoría de quienes por esta afección perdieron el olfato, lo recuperaron en un periodo promedio de 18 a 21 días, pero un grupo pequeño del orden de un cinco por ciento, no lo había recobrado durante los seis meses posteriores a sufrir la enfermedad.

Desgraciadamente no se sabe todavía o se sabe poco sobre qué causa la anosmia, y para las personas que no han recuperado este sentido el pronóstico es incierto debido a que el olfato está muy relacionado con el gusto y el apetito.

Quienes pierden el olfato, indica el sitio Verificovid, sufren una gran afectación a su vida y puede derivar en problemas como pérdida de peso, ansiedad y depresión.

Al comienzo de la pandemia, médicos e investigadores estaban preocupados porque pensaban que la anosmia por COVID-19 indicaba que el virus se abría paso hacia el cerebro por la nariz, donde ocasionaría daños graves y duraderos.

Se sospechaba que en el camino pasaría por las neuronas olfativas, que perciben los olores en el aire y transmiten la señal al cerebro. Pero los estudios indican que probablemente no sea así, afirma Sandeep Robert Datta, neurocientífico de la Escuela de Medicina de Harvard.

-Todos los datos hasta la fecha me hacen pensar que la invasión empieza realmente en la nariz, en el epitelio nasal, una capa de células semejante a la piel que se encarga de detectar los olores. Parece que el virus prefiere atacar las células de sostén y las células madre, pero no a las neuronas directamente comenta Datta, y puntualiza que esto no significa que las neuronas no se vean afectadas.

Cabe mencionar que con el crecimiento explosivo de la pandemia en el mundo, podría haber decenas de personas que sufren esta clase de secuelas a largo plazo por la enfermedad, una razón más para cuidarnos.

Texto: Manuel Pool

Foto: Cortesía

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