Pide arzobispo “compartir lo que tenemos”

Vivimos en una sociedad de consumo que no nos permite vivir de acuerdo a las enseñanzas de la religión. El modelo de vida actual influye en el ser humano y lo aleja del sacrificio, de la necesidad de darle a otras personas parte de lo que tenemos y así compartir, ofrecer algo de nosotros en beneficio de los demás, dijo el arzobispo de Yucatán, Gustavo Rodríguez Vega, en su homilía de ayer domingo.

En el segundo domingo del tiempo ordinario, el prelado habló de las enseñanzas del evangelio dirigiendo sus argumentos a las posibilidades y responsabilidad de los cristianos ante estos tiempos y donde expuso nos alejamos del sacrifico de dar con alegría lo que tenemos por amor a otras personas.

El jerarca católico dirigió su acostumbrada ceremonia de los domingos por la mañana, haciendo un llamado a todos los católicos de la grey a vivir con mayor determinación la responsabilidad del sacrificio y encauzar valores hacía la oportunidad de vivir las enseñanzas del evangelio.

Al concluir la época de la Navidad e iniciar el tiempo ordinario, señaló que “en la vida ordinaria y durante todo el año estamos llamados a vivir en la esperanza con el optimismo cristiano, aún en medio de las nubes negras que se ciernen sobre nosotros en el panorama económico; una esperanza puesta en el Señor que nos motiva y mueve a tomar parte activa en la solución de los problemas que debemos enfrentar”.

Podemos sacrificar nuestro dinero, nuestras cosas, nuestro tiempo, nuestro trabajo, nuestros conocimientos. Aunque la verdad, todas esas cosas no tienen ningún valor en sí mismas a menos que representen a un corazón que ama, que se arrepiente, que se entrega. Hoy la sociedad nos exige tener, nos exige vivir de una forma distinta y lejos del sacrificio de ofrecer para otros algo de lo que poseemos, sostuvo.

“El mundo te exige y te impone sacrificios de muchas maneras, pero estos sacrificios pierden todo su valor si tú no los aceptas y los ofreces a Dios y a los demás de buena gana. Si no nos sacrificamos o si aceptamos los sacrificios con amargura, de mala gana y hasta con resentimiento, ¡infelices de nosotros! que ni encontramos paz y gozo en este mundo, ni vamos mereciendo el gozo eterno junto a Dios, subrayó.

El arzobispo también estableció que este sacrificio debe de ser para quienes conducen a la iglesia de Dios y pidió a clérigos, ministros y consagrados a abandonar el camino de la soberbia, la prepotencia y “la tentación de sentirse superiores a los demás” y adoptar una actitud de sacrificio y humildad.

“Los protagonismos en la Iglesia y en todas partes hacen mucho daño a las relaciones interpersonales, pues son causa de división”, sentenció.

“Ojalá que un servidor y cada sacerdote, diácono, ministro, religiosa o religioso sepamos promover más bien el protagonismo de los laicos y dejar siempre el primer lugar a Jesús el Señor”, insistió.

“Si actuáramos bajo la luz de Dios se acabarían las guerras y vendría la paz; se acabaría toda corrupción y vendría la honestidad; se acabarían las injusticias y cada uno sería colocado en el lugar que le corresponde; se acabaría la miseria y vendría un reparto más equitativo de los bienes de este mundo; se acabaría la mentira y todo sería trasparente y sincero; se acabarían los abortos y todos los asesinatos y prevalecería siempre el respeto a la vida; se acabarían los odios y todo sería auténtico amor y sana convivencia”, concluyó.

 

José Cortazar Navarrete

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