Progreso, a 163 años de haber sido decratado como ciudad y puerto

Corría el siglo XIX, el comercio de la Península cada vez tenía una mayor presencia e iba al alza, por el auge del “oro verde” (el henequén), el cual era muy demandando en distintos países, y Yucatán se había vuelto el principal exportador con grandes intercambios comerciales con puertos en el Golfo de México, así como con Cuba y España. Durante ese tiempo el principal puerto del estado era Sisal; sin embargo, su lejanía con la ciudad de Mérida orilló a las autoridades a buscar un puerto alterno. Es ahí cuando Juan Miguel Castro, un hombre visionario y amante de Yucatán, se encargó de buscar este sitio y lo encontró a tan solo 33,914 metros de la capital del estado.

Fue hasta el 25 de febrero de 1856 cuando se hizo oficial que este nuevo puerto sería el principal de la costa yucateca por medio de un decreto, del presidente sustituto de la República, Ignacio Comonfort, quien autorizó la creación del poblado en el lugar denominado Progreso. Este decreto fue publicado el 23 de marzo del mismo año, con el cual se autorizó el traslado de la aduana de Sisal a Progreso.

Desde sus inicios, Progreso ha pasado por grandes cambios, desde políticos, sociales, culturales y económicos, que lo han llevado a evolucionar en materia de comercio marítimo. Sin embargo, ha atravesado diversas etapas que lo han convertido en un puerto pesquero y turístico, aún manteniendo su categoría del principal puerto del estado, según señaló el historiador y periodista Jorge Alberto Frías Castillo, hijo del cronista vitalicio del puerto, Romeo Frías Bobadilla.

“En algún momento juntamente con la debacle del gran Oro Verde hubo una declinación cultural, artística, económica, social y política, lo que marco el fin de un ciclo para el puerto. Pero el fin de un ciclo marcó otros momentos para el puerto. Como señala el cronista Frías Bobadilla, tras la caída del henequén la pesca vino a ser en algún momento histórico la tabla de salvación económica, no solo para Progreso, sino también para Yucatán, esto alrededor de los años 70”, señaló Frías Castillo, quien destacó que la pesca cimentó otra gran industria para Yucatán, y después vendría a ser junto con el comercio marítimo uno de los grandes motores económicos del estado.

Por su parte, el empresario transportista de Progreso Ernesto Luna Rivas, dueño de “Transportes Luna”, y con 40 años de experiencia en la industria, mencionó que en la evolución del puerto hubo otra época que consolidó lo que hoy en día es el comercio marítimo, actividad económica por la que fue fundada Progreso.

Luna Rivas comentó que fue en los años 80 cuando el gobernador de aquel entonces Víctor Cervera Pacheco tuvo la visión de un muelle de altura y un dragado que llevaría al comercio marítimo a evolucionar en nuevos sentidos, y la llamada “Isla Cervera” ha visto ese crecimiento a través de los años, con ampliaciones que hoy en día albergan a grandes empresas, como Pemex, Multisur e Hidrosur, entre otras.

El transportista agregó que fue con la entrada de la empresa “Línea Peninsular” cerca del año 1983 cuando se consolidó la carga contenerizada, la cual hoy en día es una de las principales actividades del estado. En recientes años, la instalación de una fábrica de conocida marca de cervezas en el municipio de Hunucmá ha venido a impulsar aún más el comercio marítimo terrestre, y hay más proyectos para el estado con gran infraestructura, como la creación del parque eólico en el interior del estado, cuyas enormes piezas llegaron a través del mar a Progreso. Ejemplos como este demuestran que Progreso logró ser lo que envisionó Juan Miguel Castro.

Hoy en día hay grandes proyecciones para el puerto en distintos ramos, por un lado, el alcalde Julián Zacarías junto con el gobernador Mauricio Vila realizan grandes apuestas al turismo, con la construcción de un callejón bohemio, la restauración del malecón, la creación de un arrecife artificial, rescate de fachadas, ciclovías y museos, entre muchos otros proyectos. Y por otro, la Administración Portuaria Integral (API) le apuesta a atraer más líneas de cruceros, que traigan turistas al puerto y al estado, y en contra parte la API ha demostrado con estadísticas el crecimiento de la importación y exportación.

En cuanto a cargamento, la API reportó un gran crecimiento en los últimos años y para muestra bastan un par de estadísticas que señalan un aumento en la carga contenerizada en un 81%, al pasar de 444 toneladas en 2013, hasta las 802 toneladas en 2018. Asimismo, el granel agrícola creció un 52%, el cual fue de mil 429 toneladas cinco años atrás, hasta lograr las 2,171 toneladas el año anterior. En cuanto a los hidrocarburos comerciales, el 2018 cerró con 311 toneladas. Los hidrocarburos de Pemex tuvieron un aumentó en su carga del 44%, teniendo en 2013 el movimiento de 1,892 toneladas y en 2018, un total de 2,733 toneladas, por mencionar algunos ejemplos.

Sin embargo, a pesar del éxito de Progreso como puerto mercante, un problema que históricamente ha presentado es la falta de armonización con las otras dos grandes actividades económicas: la pesca y el turismo. De acuerdo con la investigación de Frías Bobadilla y Frías Castillo, aún falta una definición portuaria que afirme a Progreso como un puerto industrial, pesquero, turístico y estratégico o una armonización de todas estas. En el que los habitantes puedan vivir sin la ansiedad de que el crecimiento industrial dañe el medio ambiente, o que las grandes inversiones turísticas no estorben al comercio industrial y viceversa. Y un Progreso en el que la pesca se rescate como un gran motor económico con vedas justas y oportunidades reales al sector.

Es imperante también que llegue a ser un Progreso en el que, si millones de pesos entran diariamente a través del puerto de altura, se regrese en inversión de infraestructura para las calles y espacios públicos de la ciudad, así como una fuerte concientización de las futuras generaciones para que no solo siga siendo el puerto más importante de Yucatán a expensas de la sociedad que vive en ahí, sino que haya una armonización para un futuro sustentable, con justicia social, bienestar económico, atractivos turísticos y, sobre todo, que continúe siendo como lo fue en sus inicios: un puerto de comercio marítimo.

Texto y fotos: David Correa

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