Proteger al Ártico con vidrio

Esparcir una fina capa microesferas vítreas en algunas áreas del Ártico para que el hielo marino pueda reflejar los rayos solares, como hacía antes del calentamiento global, es un osado plan de ingeniería medioambiental que podría ayudar a frenar su proceso de derretimiento

Una de las características más importantes del hielo marino del Ártico es la gran capacidad de sus superficies extremadamente blancas para reflejar la luz solar, contribuyendo a mantener el planeta fresco con un clima estable. Pero desde hace tiempo esos hielos están desapareciendo rápidamente debido al aumento de las temperaturas, el cual ha entrado en un círculo vicioso.

El derretimiento de los mares helados se retroalimenta, porque cuánto más cálido se vuelve el Ártico más se disuelve su blanquísimo hielo, transformándose en una agua azul más oscura, la cual absorbe más calor solar en vez de reflejarlo al espacio como hace el hielo blanco reflectante.

Entonces el agua más cálida acelera el derretimiento de las capas de hielo y así sucesivamente, en un proceso que hace que el Ártico se esté calentando más rápido que otras partes del globo. Sus consecuencias podrían sintetizarse en cada vez más calor, más derretimiento, más agua y menos hielo.

Esta información ha sido confirmada a Efe por Arctic Ice Project (AIP), una organización sin fines de lucro con sede en Redwood City (California, EUA), que impulsa una innovadora estrategia de restauración climática: esparcir una fina capa de polvo de vidrio reflectante sobre algunas partes del Ártico, para romper el círculo vicioso del derretimiento retroalimentado.

Arctic Ice Project o Proyecto del Hielo Ártico (www.arcticiceproject.org) es el nuevo nombre de la organización Ice911 Research, fundada en 2008 para aportar iniciativas destinadas a frenar “antes de que sea demasiado tarde el cambio climático, una de cuyas consecuencias es el precisamente derretimiento ártico”, según señalaron.

Aseguró que su objetivo es ayudar a estabilizar el clima global, mediante la restauración segura del escudo térmico natural de la Tierra, centrándose en investigar y probar distintos enfoques y materiales que sean seguros para conseguir que el joven y delgado hielo ártico sea más reflectante.

—Nuestra solución actual y más prometedora, se basa en esparcir en algunas áreas de la superficie ártica helada con microesferas vítreas frenando el cambio climático y dando a las naciones más tiempo para que puedan pasar a economías más sostenibles —informó a Efe el equipo de Comunicación de AIP.

Explicaron que esta organización centra sus iniciativas en el Ártico, “porque en esa área alrededor del Polo Norte, se puede generar un mayor impacto en las temperaturas de la Tierra”.

—Allí el viejo y espeso hielo marino de un blanco deslumbrante y con una gran capacidad de reflejar la luz del sol, actúa como un escudo térmico global natural, y juega un papel fundamental en el mantenimiento de un clima seguro y estable —apuntaron.

—El hielo marino del Ártico solía actuar como un enorme reflector en la parte septentrional del planeta, haciendo rebotar gran parte de la energía del sol hacia el espacio, lo que ayudaba a mantener la Tierra a una temperatura uniforme, pero durante las últimas cuatro décadas, el hielo más antiguo y grueso del Ártico ha disminuido en un 95% —según AIP.

La solución que propone esta organización para este problema se basa en las investigaciones de la doctora Leslie Field (www.linkedin.com/in/lesliefield), una ingeniera química y eléctrica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de California, Berkeley, que ha registrado como inventora 58 patentes.

Field, fundadora y responsable científico de AIP está abordando la pérdida de hielo reflectante   en el Ártico como “una cuestión de materiales”.

UNA NUEVA CAPA REFLECTANTE SOBRE EL HIELO 

En 2007 Field comenzó a efectuar pruebas en laboratorio y en terrenos locales, con una serie de materiales seguros que podrían reflejar mejor la energía del sol, hasta obtener “el material, equipo y experiencia necesarios para reducir los impactos del cambio climático de modo significativo”, aseguró la organización.

—Los materiales ensayados no son plásticos ni tóxicos y están presentes de forma natural en los ecosistemas terrestres —añadieron.

Tras más de una década de investigaciones y ensayos, AIP ha elegido un material que consideró como la solución más prometedora: “unas microesferas de vidrio huecas y reflectantes, elegidas por su seguridad, eficacia y practicidad, y que se asemejan a una blanca y fina arena de playa que flota y, en cierto sentido, se parece mucho a la nieve”, según informaron.

Estás microesferas son hidrofílicas (captan el agua y no tienen afinidad con el aceite) y son seguras para los humanos, animales mamíferos, la vida acuática y los ecosistemas, según AIP.

Están compuestas de un vidrio que es principalmente dióxido de silicio (sílice), el componente principal de la mayoría de las rocas conocidas y la arena, el cual está disuelto en los océanos y no se acumula en el organismo de los seres vivos ni los daña, según AIP.

Explicaron que estas microesferas de sílice esféricas y sin bordes dentados, “son huecas dentro y se llenan de aire. Se adhieren al hielo y al agua con las que entran en contacto, y su composición asegura que no atraigan contaminantes a base de aceite. Flotan cuando el hielo se derrite, lo que les permite ejercer un continuo efecto reflectante de la radiación solar”.

MICROESFERAS DE VIDRIO COMPUESTO DE SÍLICE

El polvo de sílice, formado por microesferas con un diámetro inferior al de un cabello humano, una vez dispersado en “ubicaciones estratégicas clave y limitadas, donde su despliegue tenga más sentido y proporcione el mayor beneficio, actuaría como una fina sobre el hielo del Ártico, reflejando los rayos del sol” apuntó la AIP, aclarando que nunca se han planteado cubrir todo el Ártico con vidrio.

—Uno de los lugares ideales para esparcir la microesferas, es el estrecho de Fram, un área delgada y vulnerable entre Groenlandia y Svalbard, que se derrite particularmente rápido —según Field.

Los expertos de AIP han comprobado que resulta muy útil desplegar una pequeña cantidad de este material en ubicaciones específicas del Ártico consiguiendo “el máximo impacto positivo con la menor intervención posible y provocando una mejora que se aprecia al cabo de un año y va aumentando con el tiempo”.

Los ensayos efectuados en lagos y estanques en Canadá y EUA mostraron que el polvo de microesferas aumenta la reflectividad del hielo lo suficiente como para retrasar su derretimiento.

—Este enfoque no es la varita mágica que evitará una catástrofe global, sino una solución que puede ayudar a ganar tiempo para avanzar hacia una economía más sostenible —según Field.

La experta concluyó que, “con la financiación adecuada, en un lapso de 5 a 7 años, se podrían desplegar las microesferas en ubicaciones seleccionadas en el hielo y glaciares del mar Ártico, para monitorizar su efectividad y optimizar esta metodología”.

Texto y fotos: EFE

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