Que la pandemia no afecte su descanso

Especialistas señalan que el confinamiento puede repercutir en la cantidad y la calidad del sueño, lo cual ocasiona mayor cansancio durante el día

La situación de confinamiento obligatorio puede afectar los ritmos normales de sueño e impedir un descanso reparador, lo cual repercute en aspectos cognitivos y de salud mental. Si dormimos mal estamos más irritables, más ansiosos y con el estado de ánimo más decaído. El cerebro funciona a base de ondas cerebrales, dependiendo de cómo sean estaremos en vigilia o en sueño. El 40% de las personas duerme menos de 7 a 9 horas recomendadas por noche y tan solo el 5% de las personas duerme más de 9 horas cada día.

De acuerdo con estudios de la Sociedad Española de Sueño (SES), algunos aspectos propios del aislamiento en casa repercuten en la cantidad y la calidad del sueño, como una menor exposición a la luz natural, reducción de actividad física y pérdida de las rutinas diarias, alterando el reloj biológico de nuestro organismo dando como resultado un sueño de mala calidad y mayor cansancio durante el día.

El confinamiento puede generar ansiedad y sensación de falta de control de la situación, lo que produce: mayor dificultad para conciliar el sueño; despertares continuos por la noche; peor calidad del sueño y menos horas totales de sueño.

Durante el sueño profundo el cuerpo prácticamente bloquea todos sus sentidos, cae la frecuencia cardíaca, baja el ritmo respiratorio y la presión arterial disminuyen y se libera la hormona del crecimiento. Esta hormona es la responsable de organizar la reparación de los tejidos dañados a lo largo del día, es la razón por la que tras una noche de sueño reparador las heridas mejoran, se reduce el cansancio.

Dormir ayuda a consolidar la memoria emocional selectiva y a organizar información relevante del cerebro. Las personas que duermen bien durante la noche, tienen un aspecto más atractivo y saludable cada mañana.

Por si fuese poco, el sueño previene enfermedades, actua a modo de limpieza y elimina ciertas toxinas que pueden llevar a enfermedades severas y favorece a la buena salud coronaria. La falta de sueño se relaciona con el aumento de la proteína C-reactiva, una proteína que suele anunciar problemas cardiacos.

También mejora el sistema inmune, pues los procesos inmunológicos se regulan por ciclos de 24 horas. La falta de sueño interfiere en el buen funcionamiento de estos ciclos y nos dejan desprotegidos ante invasiones externas. Reduce la depresión, cuando dormimos, el cuerpo se relaja y eso facilita la producción de melanina y serotonina. Estas hormonas contrarrestan los efectos de las hormonas del estrés y nos ayudan a ser más felices y emocionalmente más fuertes.

Además, dormir menos de lo necesario altera los procesos neuronales que rigen nuestro comportamiento, los cuales fomentan el camino para liberar toda nuestra imaginación. Asimismo, la ciencia ha demostrado que pasar más horas sin dormir, conlleva a ingerir mayores cantidades de alimento para mantenernos despiertos. Por último, la falta de sueño aumenta el tiempo de respuesta y la facilidad para cometer errores.

Texto: Manuel Pool

Foto: Agencia

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