¡Quince segudos!

Mario Barghomz
mbarghomz2012@hotmail.com

“Hay más tiempo que vida”, dice un conocido refrán popular. Nuestro juicio en este aspecto obedece al sentido común de observar que si la vida en el Planeta lleva aquí miles de años, nosotros sólo estamos en ella un instante.

La vida y la muerte forman parte de nuestra dualidad existencial; todo lo que nace algún día morirá. Esta es una ley natural de nuestra humanidad. Principio y fin; no puede ser de otra manera. Nada es eterno en el entorno de nuestra realidad. Ni nuestro planeta mismo lo es; así como nació o fue creado un día hace alrededor de diez mil millones de años, morirá también en un tiempo análogo. Y si creemos que nuestra vida humana ha sido bastante a través de las generaciones que nos preceden, nos equivocamos; en una escala cósmica nuestra vida aquí en el Planeta lleva apenas quince segundos… ¡Quince segundos!

Y cosas peores o mejores han pasado antes que a nosotros. Basta estudiar nuestra historia humana para darnos cuenta de ello. Hace ochenta mil años los hombres (tribus de pitecántropos) todavía luchaban por el fuego, la única herramienta existente que parecía darle sentido a la existencia. Luego vino la época de piedra; paleolítico y neolítico, y ésta no fue mejor ni peor. Hubo que esperar aún cientos de años para que el viejo hombre cazador se volviera sedentario; el hombre aprendió a cultivar la tierra y a domesticar animales y aves. Aparecieron entonces las primeras tribus con una identidad patriarcal, poblaciones más organizadas, así surgieron las primeras grandes civilizaciones: Egipto y Mesopotamia (cinco mil años antes de Cristo).

El nacimiento de la antigua civilización griega (mil doscientos a. C.) aún estaba lejos, casi tres mil años. Luego la fundación de Roma (S. VIII a. C.); el cimiento de nuestra cultura latina, la razón histórica de nuestra idiosincrasia. ¡Cuántas cosas han pasado desde entonces!; guerras, hambrunas, epidemias, nacimiento y destrucción de grandes imperios, ciudades y familias. Sufrimiento, muerte y esperanza hasta nuestros días. El nacimiento del cristianismo, la Edad Media, el Renacimiento, la Inquisición, la Revolución Francesa, el Comunismo, la primera y la segunda Guerras Mundiales, el holocausto… ¡Dios! ¡Y todo hace apenas quince segundos!

¿Qué esperamos entonces este nuevo año, luego de que consideramos a esta pandemia (C-9) por la que hoy aún atravesamos, como lo peor que nos pudo haber pasado en el año por terminar? ¿Acaso hemos perdido la memoria? No hace mucho, durante la Revolución de 1910 en nuestro país y la época de la Guerra Cristera (1926-1929), se castigaba y fusilaba a quien quisiera entrar en los templos y se colgaba a los rebeldes de cualquier árbol. En España durante la Guerra Civil (1936-1939), miles de españoles de uno y otro bando terminaron en fosas comunes. A los poetas como Federico García Lorca y a los presos políticos se le fusilaba o se les mataba por la espalda. En Francia antes de la Revolución, cortarle la cabeza a la gente en la guillotina, era un espectáculo público. ¿De qué mejor o peor época hablamos? ¿Cuál debería ser realmente nuestra queja este próximo año, si comparamos nuestro “aquí y ahora” con los tiempos del pasado de la humanidad entera?

Sin duda este nuevo año será lo que nosotros queramos que sea (ni mejor ni peor), independientemente de aquello que no está en nuestras manos como la muerte, el infortunio o la fatalidad sobre lo que no tenemos ningún control real.

Por supuesto deseamos que este nuevo año 2021 que está por comenzar, sea mejor y diferente, sin miedo ni temor. Pero pensemos también que ante eso, andaremos en pie con nuestros problemas comunes que seguirán siendo parte de nuestra vida cotidiana; los deberes, la educación, la subsistencia y la salud por otros motivos, el trabajo y el dinero. Y no es que sean las cosas por sí mismas las que nos hacen daño, sino nuestra manera de reaccionar ante ellas.

La paz, el gozo y la serenidad (nuestra tranquilidad interior) se lograrán sólo si aprendemos a mirar la realidad como tal y no de otra manera.

¡Un buen año para todos!

¡Dios nos bendiga!

¡Salud!

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