Renán contra el arcabucero errante

Por Roberto OJeda

Esta columna no será de revelaciones, ya que muy poco se puede descubrir del infiernito que le armaron los regidores de su mismo partido al alcalde Renán Barrera Concha; será más bien de un breve análisis y explicación de lo que vimos.

Quizás es la primera vez en mi vida periodística que me entero de una Sesión de Cabildo del Ayuntamiento de Mérida que hubiera estado a punto de cancelarse por falta de quórum, y que además estos se trataran de los regidores del partido en el poder.

Si algo había destacado a los panistas en las administraciones municipales desde César Bojórquez, es que los regidores mantenían cierta unidad ante la oposición de turno, que casi siempre es del PRI. Solían defender todas las propuestas del alcalde y mayoritear todo lo que el edil necesitaba aprobar. Podían estarse acuchillando en la vida partidista, pero al menos estaban alineados en el cuerpo edilicio.

Bueno, eso acabó hace una semana, cuando el regidor Jesús Pérez Ballote (para variar) organizó la rebelión en la granja por no haberles llegado a tiempo la información sobre el Instituto Municipal para el Fortalecimiento de la Cultura Maya.

En este pequeño boicot participaron casi todos los regidores panistas, excepto Nora Pérez Pech, Gabriel Mena Guillermo y Karem Achach, quienes también se negaron a firmar una carta en la cual se pedía que se pospusiera esta sesión.

De todos es sabido por versiones periodísticas, que esta no es la primera vez que un alcalde panista manda la documentación de una sesión al cuarto para la hora, pero por lo regular eran los priistas los que lloraban y hacían un pancho por el tema, mientras los azules lo aprobaban en silencio.

Ya todos sabemos lo que pasó después, alguien cercano al equipo de Mauricio Vila le habló por teléfono a Pérez Ballote para decirle qué no es el momento de comenzar a quemar los cartuchos y tan tan, todo aprobado y listo.

Sin embargo, hay algo que sí nos dejó claro este pequeño desencuentro, y es un tema que ya hemos planteado en anteriores columnas: la lucha política entre el Palacio de Gobierno y el Municipal.

La indicación es clara y Pérez Ballote no habría actuado del modo en el que lo hizo de no haber una línea definida, siendo esta la de entorpecer en la medida de lo posible el trabajo del alcalde de Mérida.

Lo que vimos el pasado jueves, es similar a cuando el arcabucero no espera a la orden del general y se adelanta a disparar al enemigo a pesar de que todavía no lo tiene a distancia. Eso hizo el famoso Chucho.

Adelantó el disparo y exhibió las intenciones del equipo de Mauricio Vila. Es posible que incluso unos días antes haya tenido una reunión estratégica en donde uno de los acuerdos era poner piedras al Primer Edil.

Incluso, es posible que Nora Pérez y Gabriel Mena hayan contactado antes con el senador Raúl Paz para saber las indicaciones en el tema, ya que se aliaron con el grupo del Gobernador del Estado, pero decidieron que no era el momento.

En fin, en pocas palabras, Pérez Ballote no esperó la orden del general y le explotó la granada en la mano. Esa actitud ya la hemos visto antes y parece que no aprende…

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