Se las metimos doblada

Por Gerardo Novelo

No sé si están al tanto, pero en México somos machistas. Ya sé, a mi igual me sorprende. ¿Quién diría que una mentalidad incrustada en la cultura desde su mito fundacional sea tan difícil de olvidar?

Se habrán enterado que Paco Ignacio Taibo II, en medio de la FIL, celebró el triunfo de la izquierda mexicana con un retumbante “se las metimos doblada”. El mítico “no hablé con ánimos de ofender” no es excusa (“odiaría que se interprete como una agresión”, dijo Taibo). Es una falla de introspección: una incapacidad de reflexionar cómo nuestra asimilación al entorno ha disfrazado un malestar social de inocente jerga. Cada palabra en el glosario popular tiene una razón de ser; y casi todas apuntan a algo enterrado en lo más profundo del psique mexicano.

La frase refiere a penetración sexual involuntaria, indiscutiblemente. El imaginario mexicano está repleto de instancias donde ésta se presta para hablar de dominio y humillación, porque interpretamos la realidad social en términos crudos de gana y pierde. Habrá que pensar qué dice eso de cómo vemos a hombres homosexuales y mujeres.

Así que no, no es “solo una frase popular” o “solo un chiste”. Es la sombra de una cultura que nos persigue.

En México somos machistas hasta la raíz. El habla es el primer desagüe de ese malestar, y la primera evidencia de lo perverso acechando desde el subconsciente colectivo. Tal vez sea este caso un llamado para —por fin y con mucho atraso— examinar cómo nuestra cotidianidad alimenta a esa bestia.

 

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