Se necesitan héroes para recuperar objetos históricos

Jhonny Eyder Euán

Quizás no lo recuerdan, pero hace unos meses un personaje ficticio enloqueció de rabia al saber que piezas arqueológicas de origen mexicano iban a ser subastadas en Francia. La noticia lo indignó tanto que organizó un atentado a la famosa casa de subastas para recuperar todas las piezas.

Su plan era robarlas antes de que los franceses las vendieran en millones de euros. No era una misión tan fácil considerando su nivel socioeconómico de clase media baja. Sin embargo, algo dentro del corazón le dijo que debía defender el patrimonio cultural de México. Si los gobiernos no quieren hacerlo, yo estoy más que puesto, se dijo.

Empeñó hasta su alma para poder viajar al país europeo y así convertirse en un ladrón de objetos históricos. Robar no era algo nuevo para él, tenía antecedentes como ratero ocasional de frituras y cigarros en tiendas de conveniencia. Además, se preparó por horas viendo videos sobre delincuencia y vio dos veces Museo, la película sobre el hurto de piezas prehispánicas del Museo Nacional de Antropología en la CDMX ocurrido en 1985.

Lo siguiente fue comprar un arma y falsificar los documentos necesarios para pasar desapercibido en los aeropuertos. Una vez que llegó al lugar de los hechos lo primero que hizo fue pasear; nunca había salido de México y cada rincón de la capital francesa le pareció sublime.

Jugó el papel de turista por dos días y al tercero ejecutó su plan. De manera inverosímil, cuando el sol de una nueva mañana apareció en París, él ya estaba en su cuarto del Hôtel La Nouvelle République contemplando fijamente el brillo de las piezas arqueológicas.

Sentado en la mesa junto a la ventana, se sirvió un poco de vino tinto y brindó por su triunfo. Su siguiente paso fue pensar sobre la cama. El poco dinero que le quedaba lo usó para pagar cinco días de hotel, por lo que volver a México le era imposible. Pero él no importaba, lo urgente era que las piezas volvieran a casa antes de que la policía francesa las encuentre y la decomise.

Angustiado y sin cigarros para fumar, esa fue la última imagen del personaje ficticio sobre la cama de un hotel en parís, un viernes por la mañana.

Hace unos días se difundió que Australia entregó cuatro piezas arqueológicas a la Embajada de México en Camberra, tras incautar envíos por internet realizados por una empresa de Estados Unidos a tres compradores del país oceánico. Esta devolución sí es real, la publicaron varios periódicos importantes del país como Milenio y La Jornada.

Las piezas devueltas no tienen relación con el personaje ficticio del hotel en París. Sin embargo, quizás alguien en alguna parte hizo el trabajo sucio de recuperar las piezas y las anda regresando por medio de terceros.

Es posible si dejamos correr la imaginación, además, se sabe que en este mundo se trafican más que drogas. Datos de la Unesco indican que el comercio ilícito de bienes culturales asciende a unos 10 mil millones de dólares anuales (más de 200 mil millones de pesos).

Puede que haya miles de objetos históricos dispersos por todos los continentes, aguardando por héroes que las rescaten y las hagan volver a su verdadero hogar.

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