Servir al amor

Mario Barghomz
mbarghomz2012@hotmail.com

Qué es el amor. El Amor (así con mayúscula) si no lo llamas, no escuchará nunca la voz de quien no lo ha nombrado. El Amor, si no lo sientes, no sabrás nunca del placer que provoca cuando está contigo. El Amor cuando está ausente, no se siente sino en la nostalgia y el recuerdo de una tibia esperanza. El Amor, si lo lastimas, nunca olvidará ni la ofensa ni la herida. Se volverá áspero y frío, quizá temeroso de que vuelvas a tocarlo.

Cuando hablamos de amor hablamos de afecto, de cariño y abrazos, de presencia y caricias, de compañía, de miradas y besos. Cuando hablamos de amor hablamos de aquello que no puede darse de otra manera, sino siendo todo para quien se ama.

Pero hay parejas que se aman por un tiempo y luego se olvidan, se hartan o se cansan. Hay parejas que se casan muy enamoradas, pero también muy pronto se decepcionan; son amores vacíos y equivocados. Son amores que luego se pierden y se amargan. Y por el resto de su vida quizá tengan que vivir arrepentidos.

También suele estar mal que llamemos al amor “relación”. Porque toda relación depende del compromiso, del interés, de las promesas mutuas y el deber declarado. Pero todo buen amor depende solo de la entrega y el deseo, del afecto más puro entre el cuerpo y el alma. Porque es el alma quien ama a través del cuerpo. Y cuando el alma no ama el cuerpo no siente.

El amor no crea compromisos (eso es una falacia). No podemos exigirle al corazón que cumpla promesas. El amor es como sus latidos mismos; cuando para… se acaba.

El error. Hay padres que suelen decir amar a sus hijos comprándoles todo, dándoles todo lo que necesitan; los educan, los visten y los alimentan. Pero lo que menos o nunca les dan es compañía, más presencia y afecto. Suelen ser padres distantes más ocupados en sus proyectos y tareas de trabajo que en aquello que dicen que aman. Son padres también cansados que cuando llegan a casa, poco o nada desean estar con sus hijos.

Sus hijos son hijos que cuando crecen, también lo hacen con esa distancia; suelen decir amar a sus padres pero siempre están tan ocupados que casi nunca o nunca los visitan o los llaman. Cuando sus padres son ancianos suelen pagar por quien los cuide y se ocupe de ellos, les pagan un servicio o les contratan una enfermera. Y en última instancia los llevan a un asilo donde quizá su vida solo sea triste y miserable. Su muerte será también miserable.

Para los hijos son padres que siempre estorban y hay que mantenerlos a distancia. La historia se repite.

El amor y su sustancia. El amor es la parte más sustancial de un ser humano. Es lo que nos mantiene vivos en el amor a la vida, a Dios, a los hijos, a la pareja, a los padres, a los amigos, el amor a lo que hacemos, a nuestra manera de ser, a nuestro gusto y gozo de pertenecer o de que algo nos pertenezca.

El amor no es suficiente cuando le falta un beso o un abrazo, cuando le faltan las palabras que tengan que decirse o ser escuchadas.

El amor sin un cuerpo es como un suspiro en el vacío, como un ciego que no puede ver lo que escucha o tiene enfrente.

De amores ajenos. El amor es ajeno cuando no tiene en sus brazos a la persona verdaderamente amada; cuando abraza lo que no quiere y besa lo que no siente. El amor es extraño cuando nos sentimos perdidos, solos y apartados del mundo. Y más extraño cuando ni nosotros mismos nos reconocemos.

Todo amor permanece oculto cuando no se goza lo suficiente, cuando lo que se extraña no se tiene, cuando lo que verdaderamente se ama está ausente o se tiene ya perdido.

Amar es todo. Amar es todo para quien necesita tener un motivo para seguir viviendo. Hay mujeres que no han amado nunca porque prefirieron la seguridad de un matrimonio conveniente y arreglado, al riesgo de amar aquello que simplemente era gentil, libre y sincero.

Hay hombres que por no haber sido amados no saben amar a nadie. Nunca lo aprendieron. ¡Esos están solos!

Coda. Al amor no se le miente. ¡El engaño lo mata! Hablo no de engañar a alguien, sino a tu corazón mismo. Cuando lo encuentres y lo tengas, ¡solo abrázalo, hazlo crecer y sírvelo! Al amor no se le pide, se le sirve.

¡Sírvelo siempre!

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