Sociópata

Armando Escalante
Periodista y analista político

Manos están faltando en el mundo para ayudar a combatir la pandemia. Leemos que se requiere ayuda, apoyo y voluntarios. En todos lados se recluta a gente que se ofrece para contribuir en las numerosas tareas auxiliares que exige la urgencia. No tienen que ser especialistas, ni médicos o enfermeras. Son personas que apoyan a otras en múltiples tareas que no requieren gran especialidad. Hay desde los que dan informes, hasta acomodadores de ropa, estibadores de artículos médicos y ayudantes de vestido de los que van a la guerra. Un recepcionista voluntario puede ocupar un lugar de gran utilidad y así no distraer a una enfermera dando informes.

Aplicar inyecciones es la tarea menos compleja que pueden hacer los voluntarios. Y en todos lados es bienvenida su colaboración. Bueno, en todos lados no, en México por ejemplo no se les llama. Al presidente no le parece que nadie lo ayude. Ni los hospitales y clínicas privadas pueden contribuir. Ya advirtió que ningún gobierno estatal podrá adquirir vacunas, menos intentar apoyar. Solo su gobierno puede meter mano.

Se trata de administrar la pandemia, no solo en su atención y control sino en su erradicación. Vacunar gente sería el último eslabón en el que intervenga su gobierno y no quiere dejar de llevarse ese aplauso. Sin duda, tanta cerrazón, tanto control, debe tener algo que ver con las elecciones. Lucrar con el remedio del mal puede serle rentable.

Manuel López sabe que en la medida que este pueblo bueno y sabio le deba la vida, en esa medida continuará en el poder. Sabe que no ha hecho bien las cosas y que más de 122 mil personas han muerto por sus métodos fallidos y su actuación laxa ante este flagelo.

El tipo quiere que pocos vayan a votar, que la mayoría tenga miedo, que el voto de castigo se quede en su casa temeroso de contagiarse. Sabe que esos votantes que se cuidan no lo quieren, y apuesta a vacunar a los suyos. Eso cabe en la mente de un sociópata. Claro, si es que decide controlar las vacunas y entorpecer el acceso de los biológicos de Pfizer a los mexicanos.

El xix.— Con gran tristeza veo cómo se compraron un problema, cómo se ganan un repudio ciudadano, y cómo se lanzan al vacío sin red protectora: le quitan dos carriles de fluida vialidad a la mejor avenida de la ciudad para transformarlos en miles de problemas a todas horas, todos los días, todo el tiempo. Fabrican un conflicto en cada esquina, un lío frente a cada predio y al mismo tiempo generan un innecesario malestar social. Van a obstruir la libre circulación, meterán a la policía en 10 mil infiernitos que estarán en los medios y en las redes; causarán largas hileras, demoras y mentadas de madre. No tienen idea tampoco del daño político que están creando en el peor momento que pudieron haber elegido. Equivale a kilómetros de enojos del paso deprimido. Lo que más duele es hablarle a puros sordos.

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