Sorpresas de otoño…

El niño había estado muy enfermo… Y había sido muy valiente. Nunca se había quejado, y los doctores decían que a veces sus dolores eran muy fuertes. Ofreció siempre la mejor de sus sonrisas. Había enfermado en verano… y contó con el apoyo de casi todos sus amigos. De casi todos… uno falló. Jugaban y estudiaban juntos, pero en las largas y bellas tardes de las vacaciones aquel niño no encontró momento para animar a su amiguito. Le olvidó… enfermo ya no le resultaba interesante. Una cosa muy triste!

La enfermedad fue dura, agresiva. Pero respondiò al tratamiento. Y lo que parecía imposible fue pareciendo posible, y una buena mañana los médicos hablaron del excelente resultado: el chiquillo se había curado. Atrás quedaba la frialdad del hospital, atrás ver el mundo desde los cristales. Regresaba la vida hermosa: madrugar para ir al colegio, montar en bici, ir al cine. Tanto el nene como su familia se hallaban tremendamente felices, y rezaban mucho a Dios para agradecer la curaciòn del muchacho. Que se llamaba Marcos…

Aquel fin de semana largo unos primos de Marcos quisieron tener unos detalles con él. Y le prepararon unas sorpresas! Querían que aquellos días le hicieran olvidar ya por completo el sufrimiento de la enfermedad. Primero le llevaron a Sevilla, pasearon por sus calles, visitaron a la hermosa Macarena en su basílica, se emocionaron con su mirada, y comieron en casa de una amiga exquisita. Conchita, que vivía en un hogar divino, tan propio, cocinaba mucho mejor que bien y pintaba unos cuadros muy lindos…

Conchita le regaló una de sus pinturas al niño. Después, al día siguiente, fueron a Cáceres, ciudad genial, y le enseñaron a Marcos la preciosa Torre Bujaco. Allí quedaron con otra amiga, una joven llamada Milagros, encantadora. Milagros estuvo muy atenta con el pequeño y le obsequiò con un disco de flamenco. Más tarde se dirigieron juntos a una ganadería a un tentadero organizado por el matador de toros Antonio Ferrera. Milagros era muy ferrerista! Estuvo muy bien y al niño incluso le dejaron coger y sentir un capote.

Fueron unas sorpresas de otoño perfectas!

Dedicado a mi amiga Conchita, sevillana de arte…
Dedicado a mi amiga Milagros, joven con inmensa afición
Dedicado a Cáceres y a la feria de Cáceres
Dedicado a Antonio Ferrera
Dedicado a Luisito, niño muy luchador

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