Un lugar brillante

Por Sergio Aguilar

Hagamos de este país un lugar brillante.

Habrá que llenar de brillantina morada el Congreso de Llucatám, lugar lleno de homofobia y cero interés por el recurso público, fundamentado en la paranoia, moches y mochez que tanto caracteriza a la república panuchera en la que vivimos.

Habrá que llenar de brillantina la catedral y la arquidiócesis de Llucatám, a ver si el vestido que usan los sacerdotes al dar misa se feminiza un poco más. Habrá que tirarle brillantina al que se masturba en el transporte público, a la tía que en la fiesta dice que no le gustaría que su hija fuera marimacha, a la fresa en el Starbucks que no entiende porqué no se puede manifestar respetando los monumentos, o a quien le molesta que escriban en el monumento a los Niños Héroes pero no las manchas de sangre de los feminicidios.

También habrá que tirarle brillantina (para que así la brillantina realmente brille más allá de un reclamo particular) al rector de la Uady y el Consejo Universitario, que aprueban ese desgaste ridículo que sangra a la universidad pública (a ver si así se entera finalmente de cuánto gana). También habrá que tirarle brillantina al Cabildo Municipal, que sigue sin presentar un Plan de Desarrollo Urbano que respete realmente el medio ambiente, que entienda que no hay modo de “mediar” entre el capitalismo urbano y el desastre ambiental. Habrá que tirarle brillantina al Gobierno del Estado, que se está relamiendo las manos con el proyecto sin cabeza del Tren Maya y le está yendo muy bien con la especulación mobiliaria.

Habrá que tirarle brillantina al camionero que no le da parada al estudiante o al anciano, y también al automovilista que no respeta el paso peatonal a menos que sea de tope (y a veces ni así). Habrá que llenar de brillantina la casa del extranjero que se queja del ruido en el centro de la ciudad donde él quizo venir a vivir, y también del yucateco que cree que los robos son porque vienen “huaches” a vivir al estado. También habrá que tirarle brillantina a servidoras y servidores públicos que aceptan un cargo para el que no tienen experiencia ni verdadero interés. Habrá que llenar de brillantina la boca de gente como Murillo Karam, que se cansó al día siguiente de que 43 estudiantes desaparecieron en Ayotzinapa; o de Claudia Sheinbaum, que más rápido salió a quejarse de que le rompieron una puerta, que de los 4 policías que violaron a una menor de edad.

Habrá que regar de brillantina todas las calles, para que quede claro que la violencia subjetiva se fundamenta en violencia objetiva, y que la estructura político-económica de la neoliberalización en el tercer mundo tiene trágicos y asquerosos síntomas como la violencia contra las mujeres, contra los homosexuales, el racismo y la xenofobia. A ver si la brillantina logra resplandecer más que el deseo de venganza sobre el de justicia, y el de justicia sobre el de impunidad y olvido. Esperando esta acción, les dejo aquí una receta para hacer brillantina morada (tomada de soymamablog.com):

Materiales: Papel de aluminio, 1/4 taza de sal, 1/2 cucharada de colorante para alimentos, bandeja para hornear.

Instrucciones: Precalentar el horno a 350 grados. Mezclar la sal con el colorante hasta que quede de un color uniforme. Forrar con el aluminio la bandeja que irá al horno, y extender en ella la mezcla de sal y colorante. Dejar en el horno 10 minutos. Dejar enfriar antes de usar.

 

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