Un maestro que no enseña

Por Carlos Hornelas

En el día del maestro quisiera tomar un pequeño respiro de los temas habituales para hacer una afirmación un tanto temeraria. Los maestros son indispensables en la transformación social, sólo hasta que ésta haya ocurrido.

Para plantear el asunto en profundidad, recordemos que Paulo Freire pensaba que “la educación sistemática para la domesticación se caracteriza por ser un acto de transferencia de conocimiento en el cual el educador transfiere su sed de saber a los educandos que, pasivos, reciben el saber”.

Lo que plantea Freire es que para la transformación de la sociedad es necesaria la transformación de la educación. El verdadero carácter emancipatorio de la educación consiste en enseñar al alumno a ser libre a través de adquirir la capacidad y destreza para buscar la verdad por sí mismo, para aprender a aprender sin depender del profesor.

En caso contrario, el modelo educativo seguirá girando en torno a un profesor que dicta la clase y un alumnado que solamente le escucha.

El alumno que se conforma con la información del maestro, aprende a ver solamente lo que dice el programa de asignatura. Con ello, cuando se enfrente a otras fuentes que propongan nuevas versiones, otras lecturas o contradigan lo aprendido, generarán confusión, duda y ansiedad porque seguirán dependiendo de la guía del maestro para poder interpretar todo en el marco específico de su materia. Son alumnos que sufren de la necesidad de poder poseer la “única lectura”, la “verdad oficial” o la “interpretación correcta” en lugar de poder juzgar la realidad bajo su lente personal.

Educar no es tanto informar sino formar, y el pensamiento crítico es indispensable para no caer en la manipulación que actualmente ejercen no sólo los medios de comunicación masiva, sino también los políticos, la publicidad, las redes sociales, entre otros.

Octavio Paz solía decir que “Una sociedad sin crítica no puede ser una sociedad sana”,

El pensamiento crítico, que es clave para lograr la realización personal del individuo, pasa necesariamente por la aduana de cuestionar y para ello se requiere una participación activa en el proceso de enseñanza-aprendizaje, es decir pasar de ser alumno a convertirse en estudiante. Bien dice el adagio oriental que “el maestro aparece cuando el estudiante está listo”.

No se refiere a un profesor en particular sino a un cambio en el cual el alumno despierta a una verdad que tenía ante sus ojos: que él mismo es responsable de su propio aprendizaje, más allá de lo que el maestro le pueda enseñar y por lo tanto, él se convertirá en un estudiante, es decir alguien que no deja de aprender, independientemente de cualquier profesor, programa o escuela, para descubrir que en ultima instancia, que él es su propio maestro.

Ahora, como nunca antes, cualquier tipo de profesional se enfrenta a que los retos actuales le obligan a allegarse sus propios medios para capacitarse, entrenarse o educarse por cuenta propia para adquirir las herramientas que le permitan competir en el mercado laboral. Así que ser autodidacta y detectar las áreas de oportunidad para formarse y extender sus conocimientos y habilidades dejó de ser un ideal en el horizonte educativo y se convirtió en una exigencia para sobrevivir en el mundo actual. La tarea del maestro es inculcar a sus estudiantes a que en el futuro no lo necesiten, que sean sus propios maestros.

 

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