Un monumento en el olvido

Por Ángel E. Gutierrez Romero

A lo largo del tiempo, las sociedades han levantado monumentos para conmemorar, mediante testimonios materiales, hechos importantes para la construcción de su historia, o bien para honrar a los personajes que han destacado en los más diversos ámbitos del quehacer humano. El término proviene del latín y puede traducirse como “recuerdo”.

Para que un monumento cumpla con su función, es decir la de “recordar” algo a alguien, debe ser reconocido como tal por la comunidad que lo erigió. Realizados en materiales “nobles”, los monumentos parecieran “hablar”, perpetuamente y sin necesidad de intermediarios, con los hombres y mujeres de todos los tiempos. Sin embargo, ese anhelo de eternidad resulta ser un vano afán y, muchas veces, los monumentos que ad perpetuam rei memoriam habrían de cantar las glorias de un pasado ilustre son destruidos, caen en la ruina por la incuria o la apatía o, simplemente, dejan de significar algo. Quizá entonces, en este último caso, el monumento adquiera un nuevo valor y posiblemente recobre su significado, debido a sus méritos artísticos.

Tal es el caso del monumento dedicado a monseñor Norberto Domínguez, ubicado en el atrio de la capilla de La Candelaria de Mérida. Posiblemente, solo un puñado de especialistas podrían ubicar al ilustre yucateco a quien se erigió, pero si nos tomamos el tiempo necesario para examinar las tres placas que cubren el pedestal de éste, nos enteraremos a detalle de la vida y obra de quien era cariñosamente llamado el “Muxub Domínguez” (mayanización de la palabra francesa “Monsieur”), y que fue “respetado y querido por toda la sociedad yucateca”.

El monumento consta de un pedestal, recubierto de placas de mármol blanco, en cuya cúspide descansa el busto de monseñor Domínguez, también ejecutado en mármol. El autor del conjunto es Michele Giacomino Manchineli, escultor italiano que trabajó en Mérida a principios del siglo pasado, reconocido por su amplia obra conmemorativa y funeraria, y cuyo trabajo fue muy estimado por el gobierno y las élites yucateca, capitalina y regiomontana.

El monumento data de 1905, fue esculpido en Mérida y responde al estilo academicista de la época; originalmente se ubicó en el interior de la iglesia de El Jesús (La Tercera Orden), donde el homenajeado pasó sus últimos días como capellán. La apatía y el descuido han ocasionado daños en la obra y presenta, además de suciedad, pérdidas de algunas piezas del mármol que lo conforman. Ojalá que se tomen cartas en el asunto y el monumento pueda ser restaurado y reubicado en su contexto original.

 

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