Una crisis de pantalla

Por: Carlos Hornelas

La crisis de la pandemia a nivel global ha cambiado ya muchas cosas que antes pensábamos durarían un período mayor en ser adoptadas. Las clases en línea, por ejemplo, que para algunos maestros reticentes a las tecnologías les representaban salirse de la zona de confort, hoy les permiten conservar su trabajo, poder seguir siendo productivos y ocuparse desde la comodidad de su hogar.

Lo mismo ocurre con los estudiantes, que, gracias a la tecnología pueden seguir adelante con sus estudios, aprovechar su tiempo y dar un uso formativo a su ocio.

No sabemos cuanto tiempo va a durar esta situación que, a decir de varias autoridades en la materia, apenas inicia. Sin embargo, todos de una u otra manera nos estamos cuestionando qué sucederá a nuestro regreso.

Como si fuéramos exiliados, pero en nuestra propia patria, vemos a través de los ojos de los medios de comunicación cómo paulatinamente el panorama cambia sin nosotros en el cuadro.

Por ello, por la incertidumbre y la zozobra que empezamos a experimentar, nos angustia que el presidente Andrés Manuel y su equipo luzcan ante los medios como si estuvieran improvisando las medidas conforme se desarrolla la crisis.

En materia de comunicación no ha sido suficiente el tiempo y los recursos que se invierten en las conferencias mañaneras o, ahora también las vespertinas. ¿No sería mejor restringirlas a su realización por internet con preguntas en vivo por los ciudadanos sin el filtro de los funcionarios o de los reporteros de la fuente?

Los que seguimos a través de estos medios las comparecencias del presidente y del subsecretario de Salud, nos preguntamos cuándo finalmente se presentará formalmente, con pasos, etapas y presupuesto un plan sanitario a nivel nacional, un plan económico e incluso un plan de contingencia del sector educativo a nivel básico para que los estudiantes de los niveles incipientes, cuyo acceso a la tecnología es restringido, no pierdan el año escolar.

Si como decía el teórico Abraham Moles la comunicación es la reducción de la incertidumbre, se advierte que estos foros no necesariamente son un medio adecuado para ello. Ni tampoco para la gobernanza. No se advierten garantías de continuidad de los servicios públicos de manera satisfactoria o para el sector productivo para articularse tras la crisis.

El gobierno simplemente no hace suya la crisis y en esa posición será sumamente difícil que se haga cargo y que en consecuencia asuma su liderazgo para coordinar las políticas y acciones con el peso de la responsabilidad que ello implica. El que no hace nada nunca se equivoca.

 

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