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Veda de facebook

Por Armando Escalante

Algunos funcionario, políticos y servidores públicos, sobretodo los más jóvenes, hombres y mujeres, consideran que las redes sociales son una extensión de su vida diaria, tanto en lo público como en lo privado, y creen que los lectores de éstas, o sea el resto de los mortales, tenemos que “enterarnos” de todo lo que pasa en sus muy “ejemplares vidas”.

Casi se sienten obligados a informarnos qué comieron, a dónde viajaron, qué ropa usan y hasta qué concierto vieron en su palco de un caro auditorio, eso sin descartar la clásica fotografía de un fin de semana en la playa. El triste resultado es que teniendo miles de seguidores apenas alcanzan 100 o 200 “likes” en esas fotografías o vídeos, y los demás terminan solo siendo mirones morbosos. A la mayoría le causan comentarios en silencio que no son propiamente a favor y menos “me gustas”.

Dicen los engañadores despachos de marketing y de comunicación política que el pueblo responde a emociones, y es por eso que algunos hacen que políticos y funcionarios recurran a temas que “activen” la sensibilidad para encontrar conexión y reacción. El problema es que esa regla general no aplica para todos ni en todos los casos. Menos es infalible.

Quienes nacieron en cuna de oro, saben que no necesitan publicitar la lancha o el yate en el que navegaban, y los políticos más inteligentes son incapaces de subir una fotografía donde haya cualquier asomo de ostentación o muestra de riqueza. Miles de votantes añoran ir a pescar y jamás podrán hacerlo, nunca en sus vidas.

No se equivoquen. Publicar algo de este tipo debe pasar por el ineludible filtro del sentido común; si antes de colocar una imagen o vídeo sobre un hecho se preguntaran si con ello no se ofende a los demás, si no les causa molestia, si es útil o no el contenido, y sobretodo, “si me describe haciendo algo que me acerque a todos, y que me haga una persona normal, más querida y apreciada”, habría menos linchamientos en las redes que nada perdonan.

La veda del pulpo o del mero que presuntamente infringió una diputada al fotografiarse en un yate de recreo la semana pasada, no es la culpable del linchamiento que sufrió. La culpa la tiene quien cree que lo que sube nos importa a todos y no lastima a nadie. La sanción sería aplicarle la veda del Facebook por un tiempo. Quizá así aprendan a exhibirse menos.

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