Ventanas abiertas

Por Renata Millet

La heladez yucateca no es un mito, aunque pareciera. Así como algunas promesas y proyectos de los gobiernos entrantes.
El 2019 nos recibe con muchas puertas cerradas y numerosas ventanas abiertas, sobre todo para nuestra península, paralizada por los vientos de la tarde.

Mérida se ha caracterizado por tener una ciudadanía política y socialmente activa: desde las protestas en contra del paso deprimido hasta lograr que los estacionamientos de las plazas no se cobren.

Hoy, muchas de las ventanas abiertas son proyectos de infraestructura: desde el Tren Maya hasta la Zona Económica Especial. Invertir en infraestructura puede ser muy importante y tener un gran impacto económico, porque genera empleo, ventas, compras, etc. Sin embargo, no toda la infraestructura es deseable per sé.

Pensemos en una carretera que cruza por muchos pequeños pueblos, pero es muy tardada. Es decir, para llegar al destino final los automovilistas tienen que cruzar por numerosos pueblos, baches, topes: ¿Por qué no construir una super carretera que vaya directo y disminuya a tres horas el camino?

Para el automovilista tiene todo el sentido del mundo. Sin embargo, ¿qué pasará con los pequeños comercios de los pueblos que viven de los turistas o transeúntes?

Es la misma situación con el paso deprimido: ¿Por qué construir un paso para hacer más rápida la vía de los coches en vez de construir un paso para bicicletas, sembrar más árboles, poner bicicletas que cualquiera pudiera tomar, etc.?

Creo que como ciudadanos debemos estar atentos a los nuevos proyectos y cuestionarlos. También cuestionar los que ya se han hecho, por ejemplo, la plaza la Isla y Harbor: ¿Qué impacto social y económico tienen? ¿es deseable la vía de ese impacto? Debemos poner en una balanza los beneficios y ver si realmente lo único que importa es el crecimiento económico per sé.

Los nuevos proyectos del gobierno y de privados deben estar bajo nuestra lupa: que el activismo meridano no se frene por la luna de miel que parece vivir Mérida y Yucatán en estos momentos. Las luces de Paseo Montejo se pueden ver muy bonitas, pero que no nos apantallen demasiado para olvidar que podemos- y debemos- decidir qué queremos para nuestra ciudad.

 

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