Votaciones, redes y noticias falsas

CARLOS HORNELAS
carlos.hornelas@gmail.com

Desde el período electoral anterior, tanto para Estados Unidos como para el mundo, se ha puesto énfasis en el análisis de la información que circula alrededor de todo el ecosistema comunicativo.

La información se ha utilizado como parte de las estrategias para conseguir la victoria a como dé lugar. En la última elección, por ejemplo, se obtuvieron de manera ilegal e inesperada correos electrónicos de la entonces candidata presidencial Hillary Clinton que revelaron al público elementos que jugaron en su contra en las urnas.

Durante su campaña electoral, Trump acuñó el término “fake news” (en español paparrucha) para señalar a sus detractores y desmentir sus dichos con datos manipulados, parciales, sesgados o alterados que no daban nada por hecho, pero que sembraban la duda de todo aquello que circulaba por los medios de comunicación.

Ha sido durante su período presidencial cuando ha focalizado sus ataques a la libertad de expresión y en especial contra la prensa escrita cada vez que se siente criticado, o cuando es revelada información que le cuestiona, que le incomoda, o simplemente que se interpone a sus intereses o su particular modo de entender el mundo.

Es precisamente el período de su encargo en el cual ha aprovechado con ventaja su posición desde la tribuna más alta, encumbrada, protegida, iluminada y cubierta para arremeter contra quienes ha llamado enemigos públicos más peligrosos de América: los informadores que no le rinden pleitesía.

Ha llegado al extremo de ver conspiraciones de sus adversarios para dar un golpe de Estado y borrarlo de la escena. Lo cual ha servido de pretexto o justificación para victimizarse y salir a su púlpito personal para pontificar su “verdad” tergiversada alegando una lectura alternativa de la realidad, por supuesto una que le favorece siempre.

Tal práctica ha servido para intimidar como nunca a los reporteros, para negarles la acreditación a sus eventos o retirarlos ignorando el derecho a la información del pueblo americano. Para envalentonarse y juzgar su trabajo como si la función para que lo hubieran elegido fuera de crítico de la prensa, en lugar de presidente.

Lo peor es que otros líderes autoritarios alrededor del mundo han adoptado el “modito” para contra atacar a sus opositores reclamando su “derecho de réplica” que finalmente se convierte en censura.

En esta elección los portales y las redes sociales han decidido entrar a la escena y tomar el toro por los cuernos: evitar la difusón de las noticias falsas. No obstante, se parte de un craso error. Las redes sociales tienen el principal cometido de poner en contacto a las personas no de informarlas con veracidad puesto que se trata de personas comunes y corrientes escribiendo lo que se les antoja y no son medios de comunicación a quienes se les puede fincar responsabilidad civil y legal por difundir falsedades.

El problema se convierte en parte del sistema global pues uno se pregunta si estos portales cuentan con elementos para discriminar qué información debe retirarse y por qué. No es posible saber si exceden sus funciones y simplemente censuran a ciudadanos provocando una inclinación a favor de un candidato y por supuesto, debido a los escándalos en los que se han visto involucrados no tienen la autoridad moral para realizar esta tarea. Se trata en suma de copiar la fórmula de Trump y establecer una censura blanda a la gente, que se une a la de los medios de comunicación. En la lógica más autoritaria: yo ordeno, desde el poder, tú callas y obedeces.

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