Yucatán, entre los primeros destinos que incluyeron las líneas áreas

Mérida fue integrado en los vuelos de la Pan American que el 4 de diciembre de 1931 inauguró la ruta Miami-Merida-Chetumal-Belice-Puerto Barrios en Guatemala y San Salvador

Un año después de que se inauguró en la capital del país el Puerto Aéreo Central, con la llegada de un avión Fairchild de cuatro plazas de la Compañía Mexicana de Aviación, el 15 de febrero de 1929 se inauguró a las dos de la tarde con 52 el aeropuerto ubicado a un costado de la carretera blanca a Umán, que consistía de tres pistas de zacate y material blanco, además de un hangar.

Antes se contaba con un campo aéreo que se ubicaba en los terrenos del Fénix, por el rumbo de la T-1 del IMSS, donde aterrizaban aviones que viajaban a los campamentos chicleros, mientras que don Romeo Frías Bobadilla indica que en 1928, cuando no había otra comunicación más que la marítima tanto al interior de la república y al extranjero, Charles Fisher y su esposa, al perder la salida del vapor Habana en Veracruz para ir a los Estados Unidos, abordaron un avión que los trasladó a Progreso.

La aeronave que hacía el servicio de correo a Tuxpan y denominado Ciudad de Tampico aterrizó en los terrenos donde hoy se encuentra la colonia Francisco I Madero, donde casi se sepulta en el pantano, pero la pareja logró su cometido.

De hecho entre las 13 rutas que se autorizaron ese año se encontraban Progreso y Cozumel.

La cuestión fue que la capital yucateca fue incluida en los vuelos de la Pan American que el 4 de diciembre de 1931 inauguró la ruta Miami-Mérida-Chetumal-Belice-Puerto Barrios en Guatemala y San Salvador, la cual se hizo muy popular y que con el tiempo incluyó nuevas rutas hacia Centroamérica con la capital del país.

Antes de que se remodelara la terminal aérea y que en tiempos de la segunda guerra mundial (en 1943), se le equipara con sus dos pistas que a la fecha se conservan, volaban además de los mencionados aviones Fairchild de cuatro plazas, los Stevenson que utilizaba la compañía aeronáutica Francisco Sarabia S.A.

Esta empresa que daba servicio a diversas poblaciones en las que bajaban sus avioncitos conocidos como Bellanca en improvisadas pistas, que de acuerdo a don Raúl Emiliano Lara Baqueiro, no eran más que descampados limpiados con hacha y machete.

En su obra “Recuerdos de Mi Infacia”, el autor recuerda que el piso de la pista era muy pedregoso y aún así era utilizada por aquellas aeronaves con fuselaje de madera y de lona reforzada con pintura para endurecerla y protegerla del aire.

“A mis ocho años, tuve la oportunidad de viajar en uno de esos fragiles aviones a los que se les conocía como Bellanca que eran tripulados por grandes y hasta heroicos pilotos que cubrían las rutas tanto de carga como de pasaje y correo, además de los constantes viajes que daban para sacar el chicle de los campamentos”, escribió don Raúl, quien estaba acostumbrado a verlos llegar tanto a Hopelchén como a Dzitbalchén, lugares en los que vivió su infancia.

“Nuestro viaje en el que estaba al timón el experto piloto José Antonio Saavedra, fue demasiado corto, de apenas media hora entre Dzitbalchén y Hecelchakán que era nuestro punto de destino y que en otras circunstancias encima de camiones de carga nos hubiese tomado dos días completos dando tumbos y bandazos”, mencionaba Raúl, quien relata que en esta población abordó el tren con rumbo a Mérida, ciudad con la que soñaba y en la que radicó de manera definitiva.

Del piloto Saavedra, se destaca que la experiencia adquirida en aquellos avioncitos, le valió ingresar al cuerpo de pilotos de la Compañía Mexicana de Aviación, donde alcanzó el puesto de jefe de pilotos, que conservó hasta su retiro.

Texto: Manuel Pool Moguel

Fotos: Cortesía

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