Zepeda Patterson: “El poder es ajeno a las reglas del juego”

Un comando pertrechado de armas automáticas abre fuego en plena ceremonia de inauguración de la FIL de Guadalajara. El peor atentado terrorista sufrido en Occidente desde las Torres Gemelas no sólo deja una carnicería -por si fuera poco el número de víctimas, entre ellas están el embajador estadounidense, un Nobel de Literatura y varios mandatarios latinoamericanos, además del primer candidato a la presidencia mexicana- sino también un país en llamas, ingobernable, en el que el autoritario y represor gobernador de Chiapas tiene una oportunidad de hacerse con el poder. ¿Quién está detrás de la masacre? Los ejecutores son Zetas, soldados del narco a su vez ejecutados tras el ataque.

No parece un caso sencillo. Pero el alucinado thriller se dispara 80 días en el pasado, como una endemoniada cuenta regresiva, que quizá sólo Los Azules puedan descifrar. ¿Los Azules? Son una suerte de “Wallander colectivo”, dice su inventor: cuatro viejos amigos de instituto que aún pasan por «justicieros» en la primera línea de la realpolitik mexicana que protagonizaron ya dos libros de Jorge Zepeda Patterson: Los corruptores (finalista del prestigioso premio Dashiell Hammett) y Milena o el fémur más bello del mundo (Premio Planeta 2014). Ahora, pelean en Los usurpadores (Destino), la nueva entrega de la serie concebida por el periodista y escritor mexicano, que pone los pelos de punta de tan plausible que resulta en los tiempos que corren el atroz escenario de la ficción. “Me consuelo ambientando esa primera escena en diciembre de 2017. Pudimos ir a Guadalajara este año sin riesgo”, bromea el escritor o quizá no porque acto seguido reconoce: “Si pensamos en los atentados de París o el 11-S, está en el campo de posibilidades de lo que estamos viviendo”.

“La realidad es que su thriller no va de terrorismo islamista ni mucho menos, sino de «la ferocidad que adquiere hoy en día la lucha por el poder”, señala Zepeda Patterson, citando de pasada el reciente golpe de Estado turco.

“No es una historia estrictamente mexicana”, dice, “pero sucede que el contexto mexicano me permitía expresar con mayor nitidez esta ferocidad que comienza a verse en muchas sociedades”.

– El Mundo

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