Zonas de contrastes y zonas especiales

 

En 2012, el Instituto McKinsey publicó un reporte llamado “A tale of two Mexicos: growth and prosperity in a two-speed economy” que retrata a las dos economías, acaso dos países, que coexisten en México y que se mueven en sentidos contrarios. Se basa en una investigación hecha entre 1999 y 2014 en 15 ramos de nuestra economía, la cual concluye que existe una brecha enorme entre el México moderno con alto acceso a tecnologías y competitividad mundial, y el México tradicional y rezagado. Los autores señalan que estas son dos economías distintas que se mueven en sentidos contrarios: en el periodo que evalúan, las grandes firmas crecieron un 5.8% anual, mientras que las firmas tradicionales decrecieron un 5.5%. Esta distancia también se replica en la productividad: dos terceras partes de la fuerza laboral del país generó tan solo el 2% del crecimiento del PIB. Es decir, las distancias entre el México moderno y el México tradicional en términos de crecimiento económico y productividad no solo son enormes, sino que están en constante aumento.

Este fenómeno tiene una traducción regional que revela datos aún más sorprendentes. El libro “En cifras, ¿cómo vamos? 2018” publicado por México, ¿cómo vamos? muestra cómo, muy lejos de la uniformidad económica y social, nuestro país es en realidad una amalgama de estados que crecen y se estancan de formas completamente dispares.

Entre el cuarto trimestre de 2016 y el tercero de 2017, el estado del país que registró un mayor crecimiento económico fue Baja California Sur, con un sorprendente 10.7%, seguido por Puebla con 7.6% y Aguascalientes y Guanajuato con 5.7%. Sin embargo, Tabasco decreció -9.6%, Campeche -8% y Oaxaca -3-3%. En perspectiva global, quienes más crecen en el país rebasan incluso a los milagros económicos de nuestro tiempo, en 2016 Baja California Sur y Puebla crecieron más que China (6.68%) y la India (7.10%). Pero también, quienes menos crecen lo hacen a estándares competitivos: la economía de Tabasco decreció más que la de Sudan del Sur (-6.35%) en el mismo año.

Como es de esperarse, las mismas distancias se reflejan en datos de pobreza. Bajo los estándares del Coneval, en 2016 43.6% de la población en México vivía en pobreza. Sin embargo, al bajar estos números a las entidades las diferencias son notables. En Nuevo León 14.2% de la población vive en esta condición, mientras que en Chiapas es el 77.1%. Cabe destacar que el segundo lugar con menores índices de pobreza es Baja California Sur, con 22.5%, lo cual muestra que, si bien existen diferencias considerables en el tema, este sigue siendo un mal nacional, 31 de 32 entidades tienen al menos uno de cada cinco habitantes viviendo en pobreza. Sin embargo, el mayor foco de miseria del país se mantiene en el sur: el 26.9 y 28.1% de la población de Oaxaca y Chiapas, respectivamente, viven en pobreza extrema, mientras que 13 estados no pasan del 3%, el promedio en los estados de la frontera norte es 2% y en Nuevo León tan sólo 0.6%.

Una de las más ambiciosas propuestas de este sexenio para disminuir la distancia entre estos dos Méxicos fue la creación de zonas económicas especiales en varios estados del sur del país, las cuales buscan a través de distintos estímulos atraer grandes inversiones a estas regiones con el fin de acercarlas a las más prosperas del país. Poco o nada se ha escuchado en estas campañas sobre qué pasaría con estas zonas en un eventual gobierno de AMLO o Anaya, y más aún cómo piensan que se insertan en la infinita lucha por abatir la pobreza y detonar el crecimiento económico generalizado.

Por Eduardo Ancona Bolio*
eduardoanconab@hotmail.com

* Estudiante de Derecho y aspirante a diplomático con Ítaca en la mente.

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