¿Qué hacer en caso de que tu hijo/a quiera estar solo con la mamá?

Si tu bebé está molesto, inquieto, o un poco afiebrado, “quiero con mamá” suele ser su grito de guerra favorito. Lo normal es responder a su demanda de atención. Pero si el reclamo es constante, las causas ya no están tan claras. ¿Por qué exige, por ejemplo, que sólo tú le des de comer o reclama dormir contigo todas las noches? Podría tratarse de un caso de lo que popularmente conocemos como mamitis, es decir, un apego excesivo. Te explicamos por qué ocurre y qué puedes hacer para solucionar el problema.
Un bebé no puede valerse por sí mismo y necesita, por tanto, la protección de sus padres, sobre todo en los primeros meses, en los que su madre, principal proveedora de alimento y cuidados, es todo su mundo, su figura de apego. Pero, a medida que crece y adquiere nueva habilidades, va necesitando menos ayuda y haciéndose más independiente.
Sin embargo, puede sufrir momentos de regresión, es decir, una fase de mamitis, que no son más que periodos de inseguridad en los que se aferran a mamá (o papá) para intentar recuperar su estabilidad interna.
Existen muchos motivos que pueden desencadenar estas situaciones de apego excesivo, unos debidos al momento evolutivo que están atravesando, o a otras razones externas, como una enfermedad o celos ante la llegada de un hermanito. La buena noticia es que suele tratarse de episodios pasajeros y fáciles de solucionar.
Que el niño se rebele llorando los primeros días de guardería, que se ponga zalamero al acostarse, o que prefiera a la persona que, en general, más tiempo pasa con él y, por lo tanto, le da más seguridad –su madre– es absolutamente normal. Ya no lo es tanto que muestre alguno o varios de estos comportamientos, que pueden ser claros signos de que el niño tiene mamitis o un apego excesivo:
Llamarte cada dos minutos: parece que lo único que sabe decir es ‘mamá’ desde que se levanta hasta que se acuesta.
No quiere que nadie excepto mamá le vista, le bañe, le dé de comer, juegue con él, o le lleve al parque; en fin, que sólo admite que sea su madre la que se ocupe de él.
Llora si desapareces de su campo visual y con gran desconsuelo si intentas marcharte, momento en el que tendrá una rabieta.
Te reclama constantemente, así que no te deja hacer nada. O le coges en brazos, o se te agarra a las piernas.
Nada le interesa ni llama su atención si no estás tú presente para compartir con él la experiencia.
Se niega a jugar o relacionarse con otros niños, excepto que su mamá también participe en el juego.

Texto y foto: Agencias

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