Un fetiche por lo laborioso

¿Lo valioso es el esfuerzo o su resultado? En el campo del arte, me parece que es lo segundo: el significado suele estar en lo plasmado en la obra, no en el proceso detrás de aquella. Una verdadera valoración artística, por lo tanto, no puede fundamentarse exclusivamente en la labor técnica.

Digo esto porque, si mi feed de Facebook es una fuente confiable, un buen número de mis contemporáneos aprecian y juzgan el arte según la dificultad de su elaboración. Tal vez sea porque es algo –en apariencia– más fácil de discernir que el “fondo” de una obra (empatizo con ellos, a veces el arte se siente verdaderamente impenetrable). Solo así me explico su adoración por los retratos fotorrealistas de famosos –siempre “fotocopias” de imágenes sacadas de Google– y su desdén por la infame vaguedad comúnmente conocida como “arte moderno”.

Sí, aplaudamos el esfuerzo pero entendamos que los medios son los medios y el fin es el fin. Preguntémonos qué quiere decir la obra en vez de cuánto tardó en hacerse o qué tan complicada fue su técnica. Quitémonos el miedo a no entender y admitamos que el valor y el sentido del arte existen independientemente de lo fácil o difícil de su producción. Piezas tan “sencillas de hacer” como An Oak Tree, de Michael Craig-Martin, pueden comunicar algo mucho más importante que una escena hiperrealista arduamente detallada (y viceversa).

Si alguna duda queda de lo aseverado en esta columna, pregúntese esto: si Picasso hubiera tardado una década en terminar Guernica por pintarlo –laboriosamente– con el pincel metido en su nariz, ¿qué cambiaría? (asúmase que el resultado haya sido idéntico).

 

Por Marcial Méndez*
alexmendez2903_s14@hotmail.com

* Estudiante de Diseño Multimedia, posmoderno y fanático del vaporwave. Dicen que es más formal de lo que su foto indica. Sí tiene novia.

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