Brava, Yali

Carol Santana Franco
Twitter @VenusInPiscis

Esta semana, Yaitza Aparicio se convirtió de nuevo en el foco de burlas, críticas y comentarios racistas y clacistas al ser la conductora de los premios Latin Grammy 2020.

Esto no es nada extraño para Yali. La actriz nominada al Oscar, desde su incorporación al mundo del espectáculo, ha sido objeto de críticas y análisis por parte de un grupo de personas que se molesta por la existencia y participación de Yalitza en una industria mayormente dominada por gente blanca.

Yalitza se ha convertido en una de las figuras más poralizadas del Internet; mientras que para una parte es un ícono de la  representación y la inclusividad, para otros se ha transformado en un ejemplo de cómo la “correción política” es peligrosa y premia a aquellos que no lo merecen.

En los últimos años, con el surgimiento de la nueva ultra derecha en la vida pública, no sólo hemos visto una nueva ola de racismo disfrazado de “humildes opiniones” sino también la aparente “validación” de estos discursos de odio que son pasados como argumentos lógicos para hacer una crítica válida… cuando no lo son.

Youtubers, bloggers, tuiteros y claro, personalidades como Donald Trump son algunos de los ejemplos en donde podemos observar a simple vista los discursos que la supremacía blanca trata de disfrazar como opiniones.

Resulta evidente que el enojo y las críticas hacia Yalitza Aparicio tienen sus orígenes en el racismo y clasismo cuando las razones por las que es “válidamente criticada” como el no “ser una actriz de verdad”, o conductora o no tener talento, difícilmente se le hacen a otras celebridades que por ser blancas y más apegadas al concepto de la heteronorma y nuestro cánon de belleza occidental.

La confusión que genera la existencia de Yalitza Aparicio en una industria donde el cánon de belleza ya no es suficiente si como mujer rebasas cierta edad, a veces es divertida de observar; pero la realidad es que no es justo el odio que recibe sólo por no ser alta y blanca.

Espectadores y colaboradores de la industria han sido captados lanzando mensajes de odio hacia Yali, mientras que ella se ha colocado como una de las celebridades favoritas por su trabajo como embajadora, su continua labor por hablar de la importancia de la representación en México y por simplemente romper muchas barreras al ser una mujer indígena triunfando en el mundo.

Nuestro odio a Yalitza es un reflejo de nuestro racismo internalizado. Si todo lo que hace ella lo hiciera alguien diferente ¿ofendería tanto?

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