Columna | Liquidados

Por Jhonny Eyder Euán

Cuando T se levantó más temprano de lo normal para ir al cajero que le queda a diez cuadras de su casa y así cobrar su dinero, lo hizo con mucha parsimonia y con la intención de comprarse unos mejores cubrebocas de los que usaba.

T caminó entre puertas cerradas y ausencias en el pavimento. Al llegar se dio cuenta que su esfuerzo por madrugar dio resultados: no había nadie. Le había servido leer en las redes sociales que como al mediodía la gente se abarrotaba en los cajeros automáticos desde que comenzó la crisis económica.

Metió su tarjeta al cajero y al revisar vio que no había nada de dinero. Probó en otro cajero y tuvo el mismo resultado. T ya estaba por desesperarse cuando recibió una llamada de un número desconocido. Contestó y se trataba de su trabajo; le pidieron que vaya a las oficinas y que ahí le darían su sueldo.

Entró al edificio y una mujer uniformada la abordó y llevó a una oficina de puerta y paredes blancas como consultorio médico. Allí dentro, T se enteró que estaba despedida. La mujer oficinista le dio las gracias por su desempeño y le entregó un sobre amarrillo en donde estaba su última quincena.

T aguantó las lágrimas en ese momento, pero una vez fuera del edificio, cayó en un sufrimiento que fue ignorado por la abandonada calle. Entonces, caminó y caminó hasta que no hubo acera que soportara su estado desgraciado.

Las grietas no mienten ni ocultan nada. T es una de tantas personas que han caído por los suelos como un bolo golpeado con fuerza. Se trata de una pandemia de despidos que ha sembrado miedo y ha hecho que mucha gente haga hasta lo imposible por aferrarse a sus empleos: unos laboran a escondidas, por horas extras y algunos hasta aceptan que les quiten vacaciones o les reduzcan el sueldo.

La gente no muere si pierde un trabajo, pero tiene que volver a comenzar. Y cómo hacerlo si la economía se cae a pedazos. Los negocios liquidan a empleados porque ya no pueden mantenerlos en sus plantillas y necesitan ahorrar. Es cruel su formar de operar, como es cruel no tener dinero para mantener a la familia.

Así como se habla de una pandemia sanitaria que mantiene en vilo a la población, hay otra que está saqueando los bolsillos de los ciudadanos. “Si no trabajo, no como”, han dicho decenas de personas desde que comenzó la crisis por el coronavirus. Es una verdad que duele, indigna y aterra igual o más que el COVID-19.

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