Consagración amarilla

Por César Espadas

Sin ser el equipo más brillante de la historia, sin desplegar el fútbol vertical y ofensivo que su tradición le exige, sin los reflectores de otros años, pero teniendo como principal arma la grandeza institucional que lo respalda, las Águilas del América vencieron el domingo pasado dos goles a cero al Cruz Azul para alcanzar su título número trece, que los deja como líderes absolutos dentro de esta categoría en el futbol mexicano.

Comandados por Miguel Herrera, quien consiguió su segundo título con el club de Coapa, éste América demostró madurez y sapiencia para manejar los partidos de acuerdo a como se presentaba cada rival. El Piojo confirma que pasa por un momento de absoluta madurez y sus movimientos tácticos, de acuerdo a cada juego, lo demuestran.

Liderados en lo futbolístico por gente como el portero argentino Agustín Marchesín que se convirtió en un verdadero referente aportando atajadas claves en momentos de alta tensión y respaldando a sus compañeros con su carácter y entrega. El paraguayo Bruno Váldez, un muro en defensa que aportó ofensivamente 7 goles que lo convirtieron en el máximo anotador de las Águilas durante la campaña. Guido Rodríguez, una aspiradora en mediocampo con sus recuperaciones de balón.

En momentos donde las ideas se nublan y no encuentras la portería contraria, es ahí donde el peso específico de tus referentes permite inclinar la balanza, es ahí donde la jerarquía de una institución se debe demostrar, es ahí donde el América se reafirma como el club más grande de México.

 

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