De los males, el menor

Por Carlos Hornelas

Para Jeremy Bentham, los gobiernos solo pueden elegir entre diversas clases de males. Por supuesto, hay, desde su perspectiva, males menores y males mayores. En todo caso, cada decisión del gobierno conlleva una infelicidad para alguien.

Si por ejemplo, el gobierno decide tasar con un nuevo impuesto una determinada actividad laboral, los empleados en esta empresa sufrirán las consecuencias mientras que la mayor parte de la población podría beneficiarse del uso de los recursos recaudados en el erario.

No hay modo de que todos sean felices. La política es una aritmética que debe buscar, al menos, el máximo beneficio para la mayoría desde la posición de Bentham.

Si el remedio que propone el médico es peor que el sufrimiento de la enfermedad, ¿Cuál es el sentido de tal medida? ¿Cuál es la utilidad? Un buen gobierno, dice Bentham, es causa de la mayor felicidad del mayor número de personas.

Desde hace tres semanas el gobierno del presidente Trump ha cerrado parcialmente la administración provocando toda clase de acumulación de problemas pendientes de resolver. El argumento que fundamenta su decisión es que la migración ilegal conlleva la generación de pandillaje, narcotráfico e inseguridad y que la construcción de un muro entre las dos naciones es la solución perfecta a estos males.

No obstante, cerrar el gobierno no parece solucionar el resto de los problemas. Y aun cuando se construyera en el corto plazo, los contra-argumentos de los demócratas son bastante razonables: podría ser una medida ineficiente y cara porque la mayor parte del problema se puede señalar en la permeabilidad de sus instituciones migratorias y aduaneras.

En México no andamos por caminos muy distintos. Parece que si se quiere acabar con el huachicol lo más conveniente es dejar de distribuir la gasolina. Sin distribución no hay problema de intercepción, lo cual suena muy lógico, pero para efectos prácticos, poco aconsejable.

Como se ve, en ambos casos las decisiones de los gobernantes pueden causar felicidad a sus simpatizantes y apoyadores, a costa del resto de la infelicidad de sus conciudadanos. Es curioso que en uno y otro caso la razón que se argumenta pretende borrar las inconveniencias de su determinación: se trata de la “seguridad nacional” y no hay nada más apremiante que ello.

Para Bentham, el sistema democrático tenía la posibilidad de sancionar las decisiones del gobierno pues los votantes en las urnas pueden premiar o castigar a los proyectos de gobierno, en función del éxito con el cual han procurado la felicidad de la mayoría. Y no hemos dicho bienestar. ¿Se habrán preguntado ambos cuál era el mal mayor?

 

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