Editorial

En estos días el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador ha revivido su distractor favorito durante este sexenio, ese artefacto que sale a la luz cuando la cosa viene peor para el mandatario y su equipo de trabajo, el que utilizan para darse un poco de aire y replantear la estrategia en tiempos de Enrique Peña Nieto: “la caja china”.

El avión presidencial más célebre en la historia de nuestro país vuelve a hacer su aparición, sobrevolando los cielos mexicanos para servir de tiro al blanco del presidente Andrés Manuel López Obrador o para recolectar cachitos de lotería que otorgan un premio mucho menor al que se acostumbra.

Ahora resulta que ya hay un depósito monetario para la compra de esta aeronave. Lo que nadie sabe es quién lo hizo ni a dónde ha ido a parar este dinero, cosa que debería estar totalmente a la vista de todos. Es más, este lunes 27 de julio el Presidente hará de vendedor y mostrará todos los lujos del avión para animar a sus potenciales compradores y, de paso, seguir echando tierra a los exmandatarios Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

A lo mejor debería concentrarse en seguir tendiendo puentes para sacar iniciativas como la recién anunciada reforma a la Ley de Pensiones, que andar perdiendo el tiempo en el hangar presidencial, pero a estas alturas del gobierno ya parece ocioso incluso sugerirlo.

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