Ejemplo

Armando Escalante
Periodista y analista político

Al cumplirse esta semana un año de que el gobernador Mauricio Vila se adelantó a protegernos del coronavirus, todo está listo para comenzar a vacunar gente en Mérida, según filtraciones de soldados y marinos que al parecer son los únicos enterados de lo que viene. Aseguran que habría 21 puestos de vacunación repartidos en grandes escuelas situadas en fraccionamientos y colonias de la ciudad. Suponemos que el gobierno será avisado y quizá pondrá toldos, sillas y hasta les repartirá lunch… con tal de aminorar las molestias que acarrea un evento masivo de este tipo.

No se sabe si será por letras del apellido, si pedirán comprobante domiciliario y menos se ha dicho si avisarán con antelación o si se atenderá solo a los previamente registrados. Todo es secreto. Incluso esta filtración de los 21 puntos se esperaba que ocurriera hace una semana y ya no fue. Tampoco es seguro que sea ese número ni la fecha tentativa. Todo es un desastre.

Lamentablemente siguen sin proteger a médicos y enfermeras que están en riesgo, porque son particulares, pero tampoco acabaron con el personal que está cerca de las áreas Covid. Siguen muriendo especialistas de otras disciplinas como oftalmólogos, cardiólogos o internistas que tristemente se contagiaron por dar consultas que no son de coronavirus.

Mientras tanto Yucatán sigue poniendo la otra mejilla al tiempo que le retrasan el presupuesto —se lo cercenan—, y se aplaude y elogia un absurdo tren y se daña a la ciudad con una estación ferroviaria. No hay queja, ni medio reclamo público. Y parece que tampoco hay quien lo haga en privado. Ya son varios los estados que han vacunado a sus capitales. Yucatán sigue como el greetingman, con la cabeza baja. Solo que con tapabocas, callado y sin un partido que saque la cara por su gobernador.

El xix.- Hace unos días fiel a su línea de trabajo, la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán avisó con mucha anticipación que suspendería el suministro del líquido por obras de ampliación y mantenimiento en determinado punto de la ciudad. La campaña de difusión se hizo en forma intensa, de tal manera que hasta por whatsapp mucha gente se reenvió los anuncios digitales que promueve este organismo en sus redes sociales en facebook y twitter, además de usar la publicidad convencional cada vez menos leída.

Seguramente poca gente fue sorprendida y se quedó sin agua, ya que los avisos de corte estuvieron por todos lados. Esta difusión es además de la que personalmente hace su titular, el licenciado Sergio Chan Lugo, que dicho sea de paso, llegó —con un equipo— a esa dependencia a imprimirle un sello de modernización, avance y calidad, que hace años no tenía, aún sin contar con los recursos.

En apenas dos años del sexenio actual, la Japay destaca entre otras dependencias del ámbito gubernamental por sus logros y no por sus escándalos: ha reparado enormes y añejas fugas de agua —que sus numerosos directores se negaron a corregir—, ha resuelto grandes cuellos de botella donde no llegaba ni una gota. Su personal, equipo de técnicos e ingenieros, ya corrigió bajas presiones y falta de líquido interconectando la red para aumentar la capacidad y poco a poco recupera la calidad del servicio. La falta de presión sigue en muchos lados pero más por problemas de vejez de las tuberías que por falta de presupuesto para comprar bombas: los ductos se rompen si le meten más empuje al agua, por decirlo en español. Habría que sembrar redes nuevas y eso no lo costea todo el mermado presupuesto estatal. Nadie aprecia toda esta infraestructura enterrada y muy pocos reconocen la labor de sus trabajadores sino hasta que les hace falta. En casi todo el país ya quisieran tener el lujo de abrir la llave y que salga algo de agua, aunque no suba al techo. En medio de tanta ineficacia y tantas divas que rodean al gobernador, alienta que la Japay se siga modernizando y vale la pena que todos paguemos a tiempo nuestro consumo, incluso en forma anticipada. Es un buen ejemplo que de lo bueno poco.

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