El curioso caso de la exhibición de cine mexicano. Parte 1 de 2

Por Sergio Aguilar

Una de las mayores deudas que la disciplina de la comunicación tiene para este país, como he repetido en muchos foros públicos o en espacios escritos, es su enorme desconexión de la esfera pública. Esto se traduce, además de muchas otras perniciosas manifestaciones, en el desconocimiento que la gente tiene sobre la legislación de medios (desconocimiento que, por supuesto, tienen muchos estudiantes y profesionistas de la comunicación).

Enseñar legislación, mis amigos abogados no me dejarán mentir, es algo un poco tramposo. Es triste leer con frecuencia a quienes quieren siempre achacar las dimensiones de una discusión al ámbito de la legislación: lo que importa es lo que la ley dice y ya. Como bien sabemos por las acaloradas discusiones de la 4T y los debates políticos locales recientes (como el del matrimonio igualitario), las cosas no son tan sencillas. Por ello, enseñar legislación no es solo aprenderse las leyes, sino las causas que fundamentan una legislación y las consecuencias que tiene más allá de su propio ámbito.

Tomaré como ejemplo de esto, para la presente columna, la legislación cinematográfica. La actual Ley Federal de Cinematografía fue publicada en 1992, preparada para la entrada del Tlcan en 1994. Tan es así que estaba preparada al respecto, que su artículo tercero transitorio señala algo muy importante, y de grandes consecuencias, para la industria de cine mexicano enfrentada a la maquinaria de Hollywood. A partir de la publicación de esa Ley, y hasta finales de 1997, el porcentaje de cine mexicano que por obligación se exhiba en pantallas en México iría bajando del 30 al 10%.

Hay quien demuestra tremenda ignorancia, diciendo que si las películas mexicanas fueran buenas, se pondrían en los cines a competir con las gringas. Es un comentario sumamente ignorante, pues desconozco a alguien que diga que el cine mexicano es malo y haya visto por lo menos el 30% de lo que se ha producido en México en cada año. Haga un ejercicio mental: ¿cuántas películas mexicanas nuevas vio usted el año pasado? ¿5, 10, 20? Con tristeza apostaría a que no vio más de 10. ¿Cuántas películas cree que se produjeron en México el año pasado? ¿40, 50? De acuerdo al Imcine, con datos publicados en su Anuario Estadístico, en 2018 se produjeron 186 películas mexicanas. Pero agárrese, que aquí viene el golpe: solo se estrenaron 115. Es decir, se estrenó el 61% de lo que se produjo, y si usted vio 10 películas (perdón que dude de usted si me lo dijera), quiere decir que usted vio el 5% del cine mexicano que se hizo en 2018. ¿Estaría usted de acuerdo en calificar a todo el cine mexicano de malo cuando usted apenas ve 1 de cada 20 películas mexicanas?

Esto es lo que podemos llamar el curioso caso de la exhibición de cine mexicano: así como Benjamin Button, aunque la producción se vaya incrementando año con año, la exhibición se va encogiendo y no parece cambiar la brecha que las divide.

Estas estadísticas nos dan el paso para empezar a hablar de legislación. Eso haré en la siguiente entrega, donde nos preguntaremos si los funcionarios públicos están por lo menos atentos y conocedores de la legislación que más directamente les compete en su labor. Esté atento a ese 5%, pues volverá a aparecer, pero no en la época de oro o en los 90 y el Tlcan, sino en pleno Siglo XXI.

 

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